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Las herramientas han cambiado pero hablamos de Relaciones Públicas
No he tenido la suerte de poder asistir a la Red Innova. Afortunadamente, está twitter y por allí me hago a la idea de lo que se cuenta. De eso, y de lo que los asistentes piensan sobre lo que se cuenta.
He advertido que algunos se sorprenden de las últimas aseveraciones de Gaby Castellanos respecto a la nueva forma de tratar a nuestros clientes. Gaby recomienda que en los social media tratemos a nuestros clientes como colegas; como amigos. Y causa extrañeza, claro.
El caso es que este planteamiento no es nuevo para los relaciones públicas (RRPP). Los que llevamos un tiempo dedicándonos a esto sabemos (aunque lo digamos con la boca pequeña o a veces incluso lo neguemos) que si queremos tener éxito debemos mezclar lo profesional y lo personal a partes desiguales. No todo el mundo encuentra el equilibrio apropiado entre lo uno y lo otro aunque el que lo halla, sin duda, acaba teniendo éxito y siendo valorado por sus compañeros, sus jefes y sus clientes.
Hace unas semanas leí un reciente post de Fernando Tellado con el que no puedo estar más de acuerdo. Sé que ha levantado ampollas (no hay más que leer los comentarios) pero suscribo casi todo lo que dice. Ultimamente parece que los Social Media han complicado la forma de hacer relaciones públicas y no es cierto. Los Social media han cambiado las herramientas de los que nos ocupamos en cultivar la imagen de marca de las organizaciones. Más que cambiar las herramientas, han introducido algunas nuevas dándonos a los PR la oportunidad de subir algunos peldaños en la estructura organizativa. En este tránsito, parece que muchos toman la parte por el todo, vendiendo el “tienes que estar en las redes sociales” como un fin en sí mismo. Cuando debería ser un medio. El fondo de la cuestión no debe cambiar: tu objetivo como PR debe ser ayudar a generar una imagen amable, competente y comprometida de la marca a la que representas.
De los social media debemos saber cómo funcionan, cómo utilizarlos y cómo participar activamente en ellos. Debemos saber qué herramientas utilizar (tácticamente) para cumplir con los objetivos de la organización.
Pero esas tácticas deben formar parte de una estrategia de RRPP, coordinándose con otras tácticas, digamos, más tradicionales. Que todas esas tácticas se realicen con recursos internos, externos (en una agencia o varias) o con un mix de ambos es decisión de la propia organización. No conviene, no obstante, dejarse deslumbrar por los brillos de los nuevos operadores de las redes sociales.
Si eres responsable de PR, debes contar con los nuevos medios. Es más: deberías luchar por liderar mucho de lo que la organización decida realizar en las redes sociales. Sobre todo, lo que implique la gestión de la marca con aquellos individuos que puedan actuar como prescritores o detractores de la marca. Te va la vida (profesional) en ello.
Y si has llegado a ese punto, debes preguntar a tu partner si sabe hacerlo (y cómo, físicamente lo hace), si sabe cómo funcionan las relaciones humanas (no la tecnología) y -algo que últimamente ninguno hacemos, vista la presión que los financieros tiene sobre las actuales estructuras empresariales-, si estará a tu alrededor dentro de unos años.
Lo demás es filfa, pseudotecnicismos, cancamusas e intentos de trincar la pasta y echar a correr. Al tiempo.
Relaciones Públicas 360º y el ‘extraño caso’ de Casa Tinín
El noventa por ciento de mis clientes no se han atrevido aún con los medios de comunicación social. Es comprensible, supongo. Son responsables de marcas globales relevantes y los experimentos deben hacerse con gaseosa. De hecho, aplicado a mi propio sector, lo normal es lo que ocurre ahora: que muchas de las grandes agencias están paralizadas, observando si esto de los Social Media es algo que merezca la pena para sus clientes y sus cuentas de resultados. Se miran mutuamente mientras observan a otros medianos o pequeños más innovadores, acertar y estrellarse (que de todo hay; no por decir que estás especializado en redes sociales las explotas adecuadamente. Esa especialización más bien indica que no sabes hacer otras cosas, creo yo…)
Así que en el mundo empresarial… digamos… más general pues esta práctica no es diferente. Las grandes empresas tienen más acceso a la innovación y, sin embargo, esperan hasta que esa innovación aporte razones suficientes como para implantarla de forma generalizada. En esa espera, muchas compañías se atocinan e, inevitablemente, son engullidas por otras que vienen de atrás.
Sorprende la impermeabilidad de algunos frente al cambio cuando cierras el libro de la farfolla y la cancamusa 2.0, abandonas el twitter acaso por 70 minutos y vuelves a tu vida real, al menú del día, al cigarrito y al cortado. Entonces, llegas a Casa Tinín. Y con la entrada en el garito comienzan a asaltarte las dudas respecto a la necesidad de másters del universo, de siene’ y siene’ de libros escritos y publicados en menos de mes y medio, de interminables conferencias teóricas de teóricos (en teoría) y de decenas de cervezas consumidas mientras analizas el futuro de los medios (pronúnciese cual serie de marcianos de los sesenta en plan: ¡¡El Futuuuuro de loss Meediosss!!)

Llevo meses hablando de Casa Tinín y de sus relaciones públicas 360º así que he decidido dedicarle un post. Cierto que todo es mejorable pero no lo es menos que son estos casos los que nos tienen que recordar que las RRPP consisten, sencillamente, en aplicar el sentido común y que, si hay motivación, siempre se puede sacar algo de tiempo para mejorar la imagen de la empresa en la que trabajas.
Casa Tinín es una sencilla casa de comidas en la madrileña zona de Cuzco, que ofrece menús del día a los muchos que trabajamos por la zona. Creo que almuerzo allí al menos un par de veces a la semana. (Sí, soy una persona conservadora y/o acomodaticia).
El caso es que hace meses nos encontramos con un cartelón en la puerta que decía: “Casa Tinín también está en Facebook. Consulta diariamente tu menú del día” (o algo así). Un sencillo cartel impreso con la impresora de casa en el que se nos remitía al grupo de fans de Casa Tinín en Facebook.
Debo reconocer que al principio nos reimos. La curiosidad, no obstante, nos pudo más y no sólo entramos a ver de qué iba el grupo sino que nos hicimos fans del mismo. ¡Y al experiencia fue buena! (¡Un diez a la integración mundo real mundo virtual! ¡360º de verdad!)
El negocio tan sólo pone la información relevante para el usuario: el menú del día; antes de la hora de comer (matiz que no siempre se aplica en otras campañas más grandes y sesudas para marcas más relevantes). Y a poco que interaccionas en la red, adviertes que la empresa SIEMPRE contesta. ¿Significa eso que un restaurante de barrio tiene Community Manager? Pues sí. Desconozco si esta persona sabe que lo es. Lo que sí se es que ese trabajo de relaciones públicas lo compagina con su diario servicio de primerosegundopany postre. Y que, visto lo visto, todo lo hace bien. ¡Pienso volver!
Moderado optimismo para las Relaciones Publicas
Hace unas semanas, tuve la necesidad de emprender un proceso de selección de personal para la agencia. Fue algo mas bien discreto, apoyado en las redes sociales que uso (facebook y linkedin fundamentalmente) y en mi circulo de amigos y colegas profesionales.
Aunque no era la primera vez que emprendía algo así, lo cierto es que las condiciones laborales del mercado español y la propia dinámica viral de las redes me permitieron completar el proceso en menos de dos semanas, elegir a un gran candidato y tener la pena de haber rechazado a otros igualmente capacitados para el puesto ofertado.
El proceso también me permitió aprender de algunos de ellos, empujándome a escribir este post.
Lo peor de contratar a alguien cualificado en un momento de recesión y en un mercado en plena revolución industrial (afrontémoslo, que es el primer paso para intentar evolucionar) es el ánimo decaído de los profesionales que ofertan su trabajo. Lo mejor es el precio, pero no me siento orgulloso de destacarlo, la verdad. Es, en términos morales, despreciable (aunque en términos empresariales sea justo y aun deseable).
Cuando tienes la suerte de mantener un puesto de dirección en un entorno adverso, te sientes preparado, agobiado y deseoso de emprender ese plan cambiante que has ido configurando entre reuniones interminables, cañas con los amigos (y adversarios), y conversaciones de alcoba unas veces liberadoras y, las menos, atenazantes.
Las dudas llegan cuando te enfrentas a un profesional cuajado y preparado (hay unos cuantos que, incomprensiblemente, no reciben ni una oportunidad) que no sólo duda de su capacitación (¿Quién no dudaría cuando llevas meses desempleado y nadie te contrata?) sino que duda de que, efectivamente, su trabajo valga el esfuerzo y el conocimiento acumulados. Cuando te dicen: “Me lo estoy planteando todo. No tengo edad para seguir dando tumbos; malviviendo y tal vez deba asumir que esto es un gran hobby pero no es un trabajo serio”, se te cae el alma a los pies. Y te planteas si no tendrá razón en su desánimo.
Es el paradigma actual: las organizaciones y los individuos somos cada vez más dependientes de los medios de comunicación. De los tradicionales y de los nuevos medios sociales, configurados por los propios consumidores. Y a la vez, las organizaciones (y los individuos) vamos restándole importancia a los comunicadores odio este nombre, aparcándoles, aislándoles del entorno laboral sólo porque hemos detectado, claramente, que los medios de comunicación de masas y su modelo están en crisis.
Cada palo que aguante su vela. Los medios de comunicación de masas están en crisis; en pleno proceso de revolución industrial. Viven su particular lucha del hombre contra la máquina. Dudo que dejen de existir aunque muchos desaparezcan, como en cualquier industria.
Las agencias estamos en crisis (sí, en crisis. Y si no, quiero que el que no lo esté, saque los libros del registro y demuestre que sus ventas son mayores y que sus márgenes mejores; que su plantilla es hoy mayor que hace un año y que sus ingresos por cliente y empleado son superiores). Si no lo hacen, permítanme que los califique de organizaciones en crisis propietarias de negocios decadentes.
Y aun en crisis, las organizaciones y sus profesionales (empleados o no) vivimos un momento apasionante; único en las últimas décadas. ¿Se imaginan una organización dónde sus profesionales comunicadores (community managers, periodistas, consultores, marketinianos, …) multipliquen su presencia -su peso en cada plantilla-, por dos o por tres? ¡O por más! Yo sí.
El reto para los que “ya estábamos” es seguir empujando, percutiendo. Y evolucionar.
Hoy hay que pagar las nóminas y las hipotecas. Mañana tendremos la oportunidad de que nuestra valía como profesionales de los medios no sólo crezca (no creo que valga mucho menos de lo que vale hoy, la verdad, pues es casi gratis) sino que repercuta DIRECTAMENTE en los números de las organizaciones. De todo tipo. En toda medida.
Vaya este post -aun mediocre-, para todos los que lo intentan y dudan. Que no desfallezcan. Que aprovechen para cambiar un poquito a nivel técnico. Que intenten pagar la hipoteca como sea. Pero que no permitan que, de nuevo, su conocimiento se pierda y lo mastiquen otros, y que lo regurgiten luego con menos arte y conocimiento.
¿Twitter personal o Twitter corporativo?
Hace unas semanas me sugería Alejandro Suárez en su blog que tal vez nos equivocamos en nuestro planteamiento como agencia respecto a Twitter. Como muchos sabéis, hace tiempo decidimos abrir un canal corporativo para LEWIS España en el gorjeador (suena mejor en inglés).
Aunque algunos en la agencia tenemos nuestro propio Twitter, pensábamos que tocaba corporativizarlo y articular un nuevo medio de comunicación común para todos en la compañía, a través del cual transmitiríamos las cosa mollares de nuestro bisnes. Alejandro me decía -o entendí así-, que el error estaba en no personalizarlo. Otros lectores de su blog también reivindicaban que con estas iniciativas, subvertíamos (o pervertíamos, no se) la naturaleza original de Twitter: un medio pensado para personas, que estaba siendo invadido por las empresas.
La semana pasada, Google decidió constituir su propio canal en Twitter. Corporativo; no personal.
Con nuestros aciertos y nuestros errores (estamos comprobando que en el mundo internetizado todo es más rápido, más flexible y, curiosamente, más emotivo; lleno de filias y fobias), creo que no nos equivocamos. La comunicación es una industria y no se por qué razón las empresas de esa industria no deben aprovechar todas las herramientas a su alcance. Ni tampoco, por qué el director de comunicación de una compañía debe “esconderse” tras la apariencia de “un empleado más de la empresa” cuando lo que realmente está haciendo es utilizar Twitter para lanzar mensajes de interés para su corporación (y aprender un montón de su entorno, ojo). Si todo fuese inamovible -empezando por Internet-, la red de redes seguiría siendo una red de uso exclusivamente militar o académico, al alcance solamente de una elite (es curioso cuan de moda está este pensamiento cuando actualmente hablamos del acceso a la Red).
Precisamente hoy, Octavio Rojas planteaba en Twitter si las empresas deberían o no estar allí. Y eso es precisamente lo que os pregunto. ¿Deberían? ¿Deberíamos?
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¿Revista de negocios o Red Social?
Este mismo fin de semana, una de mis compañeras en Estados Unidos me mandaba un interesante emilio sobre una revista de negocios americana. El tema es interesante porque puede anticipar, un tanto, el futuro de los medios de comunicación “tradicionales”.
La revista en cuestión se llama Fast Company y es un título de referencia en el ámbito de las publicaciones de negocios estadounidenses. Pero no por ser un título preferente su situación financiera es mejor que la de otras muchas publicaciones de nuestro país.
Su problema es similar al de los medios de aquí -y se resume en una frase de un destacado subdirector de diario financiero español- “Sabemos que Internet es el futuro pero aún no hemos averiguado cómo sacarle provecho económico al nuevo medio”.
Hasta la fecha, la receta que los medios de comunicación tradicionales aplican a Internet es la tradicional. Paso los contenidos al online, reduzco los costes de distribución y conozco a mi audiencia de la forma más directa. El problema está en que la publicidad no compensa los costes del formato electrónico. De hecho, el cliente publicitario prefiere lo convencional -y acaso también el comercial del medio, que prefiere esa suculenta comisión frente los pocos céntimos de euro que le aporta el banner de turno-. ¿Qué hacer, Dios mío?
El approach de Fast Company es tan original como iluminador. La -hasta ahora-, revista de negocios le ha dado una vuelta de tuerca más a su web. No sólo le ha cambiado su aspecto físico, sino que ha evolucionado hacia una… ¡Red Social de Negocios! La idea fundamental del medio es permitir que los lectores interactúen entre ellos y con la propia plantilla de redactores y colaboradores.
En FastCompany.com, puedes crear tu propio blog, unirte a un grupo de tu interés, insertar un vídeo, comentar los artículos que se publiquen o sugerir una “Conversación Rápida” que dé lugar a un debate. Además, los artículos de la revista en papel se trufan de comentarios tanto de los propios lectores como de expertos sectoriales e incluso la propia plantilla del medio, colocándose cronológicamente -estilo blog-, en la portada del sitio.
Cada contribución que realice un lector concreto se almacena en su página de perfil de usuario, se etiqueta y se aloja en una de las diferentes secciones del sitio web: innovación, tecnología, liderazgo, gestión, diseño, responsabilidad social, carrera y conciliación laboral y personal. Sobre el papel la idea es -de tan desesperada-, ¡genial!
Recuerdo que, cuando trabajaba de “yogurín” en Actualidad Económica, los números que más se vendían eran el número especial de verano y el popular anual Quién es Quién (en la empresa española). ¿Os imaginais un AE convertido en red social de negocios? Yo, lo veo. Hasta pagaría por ello.
El concepto no es nuevo, claro está, y hay ya medios en España que están muy cerca de ser una red social para hacer negocios. Marketing Directo, por ejemplo, está cerquita, cerquita del concepto. Y, sin embargo, adolece del diseño y arquitectura apropiados para ser parte fundamental de la nueva concepción del usuario/prescriptor que nos ha traído la Web 2.0. ¿Hacemos una porra a quién es el primer medio español que se atreve a convertirse en red social?
Mientras tanto, podéis leer el post original the TechCrunch.

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