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5 razones para trabajar en una agencia (buena)

No les culpo. Generalmente, las empresas que contratan los servicios de una agencia son más grandes, más estructuradas, más sólidas y sus negocios parecen más estables. ¡Dios mío! ¿Qué hago trabajando en una agencia?
Nadie nos cuenta en franqueza, una vez dado el salto, cómo se ve la vida desde el otro lado. Es casi como cuando se te muere alguien cercano. Todos tristes pero no hay forma de saber si, pese a las alabanzas sobre el finado en el velatorio, le tocó cielo, infierno o limbo.
La persona en cuestión suele ganar más dinero (un poco más), a veces dispone de mejores horarios (sólo a veces) y ocupa una parcela de poder que antes no tenía: la de administrar a la/s agenciaaaaa/s (!!!) Y los de la agencia a veces sienten que su excolega de fatigas les mira un poco por encima del hombro. No les culpo. El modelo tradicional de construcción de una agencia en España se basa en sueldos reducidos, muchas horas de trabajo, toneladas de presión gratuita y jefes ausentes más preocupados por poner los pies sobre la mesa de su escritorio que de ayudar a sus equipos a tener éxito y a vivir un poco mejor. (¡Dios mío! ¡Dirijo una galera!)
Curiosamente, estos buenos profesionales emigrados, acaban apoyándose en una agencia pese a que han demostrado con creces que son capaces de lidiar no con una sino con cuatro o cinco cuentas de tamaño considerable y a la vez. ¿Por qué?
1. En una agencia sabes que casi todo el personal trabaja en el mismo sector o en sectores que se tocan continuamente. El intercambio de experiencias y conocimientos te permite estar modestamente a la vanguardia de lo que se cuece en el sector. La formación práctica toma un papel muy importante pese a que los de agencia demos este valor por supuesto en cualquier organización.
2. En la agencia vales lo que vale la facturación de tus cuentas, junto con el desempeño y lo satisfechos que estén tus clientes. Tienes un peso real sobre los números de tu organización. En el cliente, eres el “bicho raro”. Si un director de negocio se te pone tonto en el lado del cliente y pone sus reales sobre la mesa, casi siempre te la tienes que envainar. Salvo que tu consejero delegado sea un visionario.
3. El marketing y las PR son como el fútbol: todo el mundo opina y todos tenemos un consultor-entrenador dentro (luchando por salir y hacer la alineación). ¿Que prefieres: discutir de lo tuyo con otros técnicos o con aficionados? ¿Se te ocurriría discutir de balances contables con tu director financiero? Pues eso. ¿Por qué no ocurre al revés?
4. En una agencia, tu cliente es sólo tu cliente. Nada más y nada menos (el servicio es lo más importante). Ni es tu jefe ni tiene por qué serlo. Conviene recordar que todos somos mejores jefes de puertas para afuera. Si contratase más amigos para trabajar para mí, claramente, tendría menos amigos.
5. En la agencia nunca te aburres. No hay tiempos muertos. Si un cliente está durmiente
Como decía aquél, estos son mis principios y si no, tengo otros. Seguramente haya más (y más poderosas) razones a favor y en contra de lo que planteo. Aquí os lo dejo.
La credibilidad no se compra
Desde hace unos cuantos meses ya -allá por el verano, más o menos-, compruebo con preocupación cómo aumenta la presión sobre los servicios que proporcionamos en ésta y en otras casas. Es algo normal que no me asusta pues, en períodos de crisis, se separa la paja del heno y el talento reluce con mayor fulgor. Es lo bueno de las épocas recesivas: que es más fácil sobresalir si lo que haces lo haces mejor que los demás.
Me preocupa más que, con la excusa de la presión y de querer salvar el culo (y el empleo, la mayor parte de las veces, íntimamente ligado a las posaderas), determinados responsables empresariales pretendan adquirir la credibilidad que necesitan tomando atajos cuyo destino es incierto.
El que no haya oido esta frase ultimamente… ¡Que se tape los oidos! (para no oirla, vamos):
- Ya se que mi marca es desconocida pero PARA ESO os contrato: para que me lo consigáis.
Ojo: aunque parece una frase sin malicia, tiene su miga cuando lo que se pretende es utilizar la credibilidad/estabilidad de la agencia (y del ejecutivo que lleve la cuenta) para saltarse meses de (buen) trabajo y casi que hipnotizar al periodista (o al blogger, o a ambos) sin tener lo que los anglosajones denominan “track-record”.
Pregunta: si no tienes clientes, ni inversores de renombre, ni un producto sobresaliente (a primerísisma vista): ¿Por qué tus esforzados PR deben superar todas estas dificultades y, a contra reloj, generar ese conocimiento sobre la marca en la que TODOS estamos trabajando ANTES incluso que otros departamentos con más recursos?
Y lo que es más importante: ¿Por qué muchos profesionales piensan (ojo, no sólo en España) que contratando servicios de PR estamos COMPRANDO algo? Cuando aceptamos contratar un servicio (de telefonía móvil, de suministro eléctrico o de comunicación), estamos ALQUILANDO algo. En nuestro caso: conocimiento. Adios contrato, adios conocimiento. Simple. Fácil. Limpio.
Lo digo por las crecientes peticiones de: “¿Me pasas tu base de datos para que la coteje/mejore?” Eso, generalmente, es el previo al: “Por cierto: se me olvidó deciros que no podemos permitirnos la mierda de pasta que cobráis vuestros honorarios pues vamos a intentar hacer vuestro trabajo una administrativa a media jornada (mis respectos a las/os administrativos/as) y un ingeniero que no sabemos donde colocarle desde hace años y la tocao la china del PR este...(más respeto a los ingenieros, que esto es pa hacel de reir)”.
El culo nos lo jugamos a diario. En crisis y en bonanza. Como me dijo un buen amigo la semana pasada: “La vida es TAN larga…”

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