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El ‘bullshit’ de las Relaciones Públicas (o la cancamusa 2.0)
Hace ya bastantes meses (va para año y medio), que entendí que nuestro pequeño sectorcillo de periodistas metidos a consultores, y de marketinianos metidos a periodistas, estaba sufriendo cambios sólo comparables a los que el señor Madoff trajo para la banca de inversión.
Cambios que afectaban a nuestra formación como profesionales, a nuestra técnica, a nuestra manera de facturar e incluso al modo en que valoramos un perfil adecuado para determinado cliente u objetivo de negocio.
Ha pasado un tiempo equivalente a dos (o tres) embarazos -y a otros tantos partos-, y tampoco estoy seguro de que estemos cerca del fin (o del principio, según se mire).
Nuestro pequeño sectorcillo de periodistas metidos a consultores, y de marketinianos metidos a periodistas, sufre cambios sólo comparables a los que el señor Madoff trajo para la banca de inversión
De lo que estoy seguro es de que las agencias hemos reaccionado como en el pasado: con mucho bullshit, a trompicones y sin creérnoslo demasiado. Estamos haciendo, como sector, lo que mi admirado Millán Berzosa describe como cancamusismo (véase cancamusa).
Así, en este añito en el que hemos asistido al fin del mundo de la Economía… ¿Irreal? (la Economía Real parece tener grandes seguidores hoy, a los que querría preguntarles cómo llamaban al anterior estado económico) hemos descubierto agencias especializadas en Social Media (e incluso en Facebook… ¡o Twitter! como antes ya debió haber agencias especializadas en Expansión, o en El País, por increíble que esto pueda parecer); y empresas que abrían su ansiada división de Social Media a bombo y platillo. Bueno, más bien a bombillo y plato… de lentejas, vamos.
Otras, con cierta ambición, han decidido legítimamente adentrarse en el marketing viral y el online. ¡Suerte!
Obviemos -por el bien sectorial-, que los expertos en SM cuenten sus seguidores en twitter con los dedos de las manos… O que los grandes reportajes sobre las bondades de ser Community Manager no dejen al trasluz las ofertas reales de empleo para esa función: a 700 leuros mensuales… ¡con bonos de comida, chaval! Ni que los grandes (y recientes) expertos en SM se adentren (¡ingenuos!) en el proceloso mundo de la agencia para desaparecer de la blogosfera (salvo rosas excepciones) como el vuelo aquel de Perdidos, que salía de Sidney en dirección nosesabe.
(Continuará…)
Consejos para detectar un mal responsable de comunicación
Hace unos años, invité a un buen amigo a que viniese a la oficina a ver cómo trabajábamos. Pedro (así se llama) siempre ha trabajado en medios de comunicación. En algunos de los más relevantes de este país. Hoy es fotógrafo.
El caso es que, en mi ilusión por hacer crecer la empresa en la que me habían contratado, pues decidí invitarle a ver mis dominios. Ese imperio se componía entonces de cinco mesas del IKEA (montadas por nosotros mismos) con sus correspondientes sillas y cajoneras, y un par de armarios (también suecos, montados con mano de obra hispana no cualificada, que éramos nosotros) alojados en una estrecha oficina interior de techos bajos en la siempre animada calle Gran Vía. Sin cuadros. Ni pósters. Y con cada empleado mirando a la pared. Como castigados.
Pedro es un tío cabal, así que no me dijo que seguramente estaba loco y que de ese antro no podía salir nada bueno. Cada cierto tiempo me decía (no se si por lo que vio en mi chiringuito o por otras razones), que las agencias estábamos en la última capa de la cadena alimenticia del bisness y que entre trabajar en una empresa y hacerlo en una agencia, pues no había color. Puede que tenga razón. No es el único que lo piensa.
¿Está disponible para las necesidades de periodistas y bloggers? ¿Y para la agencia? ¿Celebra reuniones periódicas con los diferentes actores externos con los que trabaja? ¿Seguro?
El caso es que, cuando llevas un tiempo moviéndote por ahí, te acaba dando la sensación de que cuando una campaña no satisface las aspiraciones de la directiva, la culpa, siempre es de la agencia. Nunca he trabajado en cliente, así que no conozco las broncas (o halagos) que se llevan los responsables de comunicación y marketing encargados de lidiar con la agencia de relaciones públicas. Pero sí que he advertido cierta relación entre campañas sin pena ni gloria y determinados perfiles profesionales en el nexo de unión entre cliente y agencia. Vayan aquí unas pistas para detectar a un mal responsable de comunicación. Si le val mal la campaña, despida a su agencia (o no). Si detecta ciertos de estos síntomas en su marcom, dircom o similar, hágaselo mirar.
1) Su empresa toca a agencia por año. Cada año llegan unos nuevos consultores con nuevas ideas y, seguramente, expectativas desmedidas. Síntoma de que el que decide no sabe lo que quiere, no sabe gestionar partners/proveedores, no sabe transmitirlo o, directamente, es un ingenuo al que cualquiera le engaña. ¿Quién administra su comunicación corporativa?
2) La culpa de todo (lo malo) la tiene SIEMPRE la agencia. Si ese es el caso, ¿cuál es el valor de su dircom? ¿Si dirige un equipo y el equipo se equivoca? ¿No será que está mal dirigido? ¿Le interesa contar con un elemento incapaz de la autocrítica?
3) La solución siempre la tiene que dar la agencia (¿Para eso los pagamos, no?) ¿Para qué vale entonces el responsable interno? ¿Para reenviar emails?
4) Los éxitos son siempre gracias a labores internas. Si está seguro que esto que le cuentan es cierto, claramente, debería despedir a su agencia. De hecho, debería despedirse usted y dejarlo todo en manos del Directivo/a Total. Su director financiero se lo agradecerá (un poco acojonado, pues el siguiente podría ser… ¡el director financiero!)
5) ¿Está disponible para las necesidades de periodistas y bloggers? ¿Y para la agencia? ¿Celebra reuniones periódicas con los diferentes actores externos con los que trabaja? ¿Seguro?
Pues eso. Seguro que este perfil es más bien escaso en nuestro país. Y seguro que los (raros) casos que hay, bien pueden tener raíz en los presupuestos que se asignan para estos puestos o en la atención que esa empresa presta a su imagen pública. Simplemente, aplíquese el refrán: “Cuando el río suena…”
5 razones para trabajar en una agencia (buena)

No les culpo. Generalmente, las empresas que contratan los servicios de una agencia son más grandes, más estructuradas, más sólidas y sus negocios parecen más estables. ¡Dios mío! ¿Qué hago trabajando en una agencia?
Nadie nos cuenta en franqueza, una vez dado el salto, cómo se ve la vida desde el otro lado. Es casi como cuando se te muere alguien cercano. Todos tristes pero no hay forma de saber si, pese a las alabanzas sobre el finado en el velatorio, le tocó cielo, infierno o limbo.
La persona en cuestión suele ganar más dinero (un poco más), a veces dispone de mejores horarios (sólo a veces) y ocupa una parcela de poder que antes no tenía: la de administrar a la/s agenciaaaaa/s (!!!) Y los de la agencia a veces sienten que su excolega de fatigas les mira un poco por encima del hombro. No les culpo. El modelo tradicional de construcción de una agencia en España se basa en sueldos reducidos, muchas horas de trabajo, toneladas de presión gratuita y jefes ausentes más preocupados por poner los pies sobre la mesa de su escritorio que de ayudar a sus equipos a tener éxito y a vivir un poco mejor. (¡Dios mío! ¡Dirijo una galera!)
Curiosamente, estos buenos profesionales emigrados, acaban apoyándose en una agencia pese a que han demostrado con creces que son capaces de lidiar no con una sino con cuatro o cinco cuentas de tamaño considerable y a la vez. ¿Por qué?
1. En una agencia sabes que casi todo el personal trabaja en el mismo sector o en sectores que se tocan continuamente. El intercambio de experiencias y conocimientos te permite estar modestamente a la vanguardia de lo que se cuece en el sector. La formación práctica toma un papel muy importante pese a que los de agencia demos este valor por supuesto en cualquier organización.
2. En la agencia vales lo que vale la facturación de tus cuentas, junto con el desempeño y lo satisfechos que estén tus clientes. Tienes un peso real sobre los números de tu organización. En el cliente, eres el “bicho raro”. Si un director de negocio se te pone tonto en el lado del cliente y pone sus reales sobre la mesa, casi siempre te la tienes que envainar. Salvo que tu consejero delegado sea un visionario.
3. El marketing y las PR son como el fútbol: todo el mundo opina y todos tenemos un consultor-entrenador dentro (luchando por salir y hacer la alineación). ¿Que prefieres: discutir de lo tuyo con otros técnicos o con aficionados? ¿Se te ocurriría discutir de balances contables con tu director financiero? Pues eso. ¿Por qué no ocurre al revés?
4. En una agencia, tu cliente es sólo tu cliente. Nada más y nada menos (el servicio es lo más importante). Ni es tu jefe ni tiene por qué serlo. Conviene recordar que todos somos mejores jefes de puertas para afuera. Si contratase más amigos para trabajar para mí, claramente, tendría menos amigos.
5. En la agencia nunca te aburres. No hay tiempos muertos. Si un cliente está durmiente
Como decía aquél, estos son mis principios y si no, tengo otros. Seguramente haya más (y más poderosas) razones a favor y en contra de lo que planteo. Aquí os lo dejo.
Cómo afecta la crisis a las agencias de comunicación
La semana pasada, Joaquín Moral entreabría la caja de Pandora de la crisis en las agencias de comunicación en su preciso Desde el Escriptorium.
Joaquín compara la aparente situación que vivimos en nuestro sector (de tranquilidad, confianza en el futuro y aislamiento intersectorial) con la vida que llevaban los irreductibles galos de Astérix dentro de aquél inevitable y casi invencible imperio romano.
Las agencias somos como los galos, mientras que el mapa del Imperio es, en nuestro mundo real, el panorama de los medios de comunicación. O más bien, el imperio lo representa la CRISIS de los medios de comunicación.
Según Joaquín -y sirva este email para adherirme completamente a su planteamiento-, la vida de Obélix, Panorámix y el resto de vecinos de ese pueblo galo es tan ficticia como lo que se desprende de las informaciones y comentarios que realizamos los profesionales de las agencias de comunicación.
Hoy mismo, 233grados anuncia que el diario gratuito 20 Minutos cerrará ocho delegaciones repartidas por toda España. Seguro que no será el último caso. De recortes generalizados como éste, no se salva grupo de comunicación “tradicional” alguno. Piensen una cabecera al azar y seguro que le encontramos despedidos o ERES, en el caso de medios más voluminosos.
¿Es diferente la situación de las agencias? Entiendo que no -y aporto pruebas-.
Nosotros, sin ir más lejos, somos hoy un poco más pequeños que hace seis meses. ¡Porca miseria!
Hace dos semanas recibí, por primera vez, currículos de candidatos “en pack” -sí, sí: en un email, varios perfiles profesionales anexos… Y no era de una ETT, que puedo jurarlo-.
También estoy en disposición de señalar -con nombres y apellidos-, entre cinco y diez grandes marcas (bien agencias, bien empresas de primer nivel), que han “puesto en el mercado” a buenos profesionales de esto porque actualmente no podían absorberlos debido a la actual situación económica. Obvio aquí a los que, directamente, fallan en el pago, obligando a su plantilla a buscarse la vida.
Así que no vale con decir que “la comunicación es esencial en tiempos de crisis” o que “las PR ayudan a vender”. La realidad es que hay empresas que reducen mucho de lo nuestro (como de otras partidas) porque ni sus padres saben dónde estarán en 6 meses. ¡Y patadón parriba!
Y una vez asumido el paradigma; sólo cuando hayamos asumido el paradigma (los que lo hagamos) estaremos en disposición de emprender el cambio a ver si sobrevivimos.
En el sector tecnológico, que es en el que me muevo, estos paradigmas llegan cada diez años, más o menos. Hay grandes marcas que sobreviven (IBM, HP) mientras que la mayoría desaparece (bien por inadaptación, bien por fusión con otra marca mayor o menor). Secuencialmente, surge la empresa matadora que pone patas arriba el sector o los sub sectores (Cisco, Oracle, Microsoft, que no lleva tanto tiempo viva…)
Creo que en nuestro mercado esto está ocurriendo ahora. Están surgiendo multitud de empresas y planteamientos novedosos. Casi todos fracasarán y tal vez alguno reviente el mercado. Tal vez cuatro o cinco (o diez) se fusionen o sean adquiridos por los jugadores con posición dominante. El caso es que sólo oigo de nuevas agencias que hacen “el 2.0 y lo más tradicional, también, claro”, o de otras que se esfuerzan por crear “híbridos” (aun no se de qué). También leo mucho de “grandes fracasos de comunicación 2.0″ (¿Ryanair?) que luego ni han afectado a la cuenta de resultados de la compañía ni los llega a conocer mi madre (que por cierto, me lee: ¡Gracias, mamá!).
A lo que iba: echo en falta esfuerzos reales por adaptarnos al nuevo mercado. La vaca de las PR tradicionales seguirá dando leche los próximos años. Será buena o mala en función de la coyuntura, pero dará leche en abundancia decreciente.
Ahora: los que queremos estar en el mercado dentro de diez años debemos ir más allá del reciclado. Debemos preguntarnos: ¿qué hay ahí fuera que no sepa o pueda hacer? Y poner todos los medios para obtenerlo. Parches y medias tintas valdrán para ir tirando. Para poder retirarse en unos añitos, si empalmamos un par de bisnes güenos. Me temo que soy muy joven para lo segundo. Me pilla lejos la jubilación… suponiendo que me quede algo para cuando llegue…
Adios a las ruedas de prensa
Supongo que sacar este tema en la semana en que organizamos 2 conferencias de prensa no parece lo más acertado. El caso es que hace ya unas semanas que Javier Inaraja lo sugería en este espacio y no es cuestión de no hacer caso a los (a) amigos y (b) periodistas de negocio claves en este país.
Pablo Sammarco, en su recién estrenado blog de prcomunicación, anticipa que las ruedas de prensa están en peligro de extinción a propósito de una reciente experiencia suya en una reciente conferencia de prensa de Philips, organizada por Text100. Philips y Marcilla, por cierto, anunciaban esto.
Pablo escribe en su blog, que hay otras herramientas orientadas a reducir la incertidumbre del periodista, aliviarle en su trabajo y mejorar -o al menos, igualar-, los resultados obtenidos. Y además, reduciendo costes.
No me queda tan claro el último punto: el de los costes reducidos. Las ruedas de prensa:
1) Abundan
2) No generan información realmente valiosa que no se pueda obtener de otro modo
3) No generan economias de escala (reunir a 20 periodistas en una sala a la vez no asegura un efecto multplicador sobre la información lanzada)
4) Salen MUY baratas (para las empresas que las contratan) precisamente por el primer punto y porque el mercado está tan constreñido que antes mantenemos un cliente que lo dejamos desatendido por falta de fondos. (El que tiene un cliente que pague regularmente tiene un tesoro, vamos).
Pero queramos o no queramos verlo, nuestro negocio comunicante (el de los medios) está en pleno proceso de transformación industrial y NOS AFECTA. Debemos asumir que NO HAY periodistas para tantas conferencias de prensa y que los que hay deben hacer mil y un malabarismos para atender a estos actos. Las tecnologías, afortunadamente, nos van a permitir ayudar un poco; ayudarnos, en definitiva. Queda muy poquito para que sea práctica habitual retransmitir las ruedas por streaming. No ya los eventos; los foros grandilocuentes sobre 2.0 (o 5.0 que comienzo a leer) sino lo mundano: el pan con la mantequilla de nuestro negocio. Que llegue antes o después dependerá de los abismos que saltemos hasta estrellarnos (si nos estrellamos a la primera, reaccionaremos antes, claro) y de la propia capacidad técnica de nuestros profesionales. Con perdón, estamos dejando el web 2.0 en manos de geeks. Normal. Pero no les pertenece. Como la literatura no pertenece a Guttemberg -o a Galgo, el de los folios-, ni el cine a la Kodak. La información; la comunicación pertenece a las personas. Debemos hacer lo posible para que la técnica no les convierta en analfabetos funcionales. Debemos hacer lo imposible porque los analfabetos emocionales (o comunicacionales, no se) no acaparen los contenidos ni que su realidad estrecha se convierta en La Realidad. No parece tarea fácil. Requiere mucho esfuerzo, afán de superación, curiosidad… y una buena dosis de… ¡valor!
La credibilidad no se compra
Desde hace unos cuantos meses ya -allá por el verano, más o menos-, compruebo con preocupación cómo aumenta la presión sobre los servicios que proporcionamos en ésta y en otras casas. Es algo normal que no me asusta pues, en períodos de crisis, se separa la paja del heno y el talento reluce con mayor fulgor. Es lo bueno de las épocas recesivas: que es más fácil sobresalir si lo que haces lo haces mejor que los demás.
Me preocupa más que, con la excusa de la presión y de querer salvar el culo (y el empleo, la mayor parte de las veces, íntimamente ligado a las posaderas), determinados responsables empresariales pretendan adquirir la credibilidad que necesitan tomando atajos cuyo destino es incierto.
El que no haya oido esta frase ultimamente… ¡Que se tape los oidos! (para no oirla, vamos):
- Ya se que mi marca es desconocida pero PARA ESO os contrato: para que me lo consigáis.
Ojo: aunque parece una frase sin malicia, tiene su miga cuando lo que se pretende es utilizar la credibilidad/estabilidad de la agencia (y del ejecutivo que lleve la cuenta) para saltarse meses de (buen) trabajo y casi que hipnotizar al periodista (o al blogger, o a ambos) sin tener lo que los anglosajones denominan “track-record”.
Pregunta: si no tienes clientes, ni inversores de renombre, ni un producto sobresaliente (a primerísisma vista): ¿Por qué tus esforzados PR deben superar todas estas dificultades y, a contra reloj, generar ese conocimiento sobre la marca en la que TODOS estamos trabajando ANTES incluso que otros departamentos con más recursos?
Y lo que es más importante: ¿Por qué muchos profesionales piensan (ojo, no sólo en España) que contratando servicios de PR estamos COMPRANDO algo? Cuando aceptamos contratar un servicio (de telefonía móvil, de suministro eléctrico o de comunicación), estamos ALQUILANDO algo. En nuestro caso: conocimiento. Adios contrato, adios conocimiento. Simple. Fácil. Limpio.
Lo digo por las crecientes peticiones de: “¿Me pasas tu base de datos para que la coteje/mejore?” Eso, generalmente, es el previo al: “Por cierto: se me olvidó deciros que no podemos permitirnos la mierda de pasta que cobráis vuestros honorarios pues vamos a intentar hacer vuestro trabajo una administrativa a media jornada (mis respectos a las/os administrativos/as) y un ingeniero que no sabemos donde colocarle desde hace años y la tocao la china del PR este...(más respeto a los ingenieros, que esto es pa hacel de reir)”.
El culo nos lo jugamos a diario. En crisis y en bonanza. Como me dijo un buen amigo la semana pasada: “La vida es TAN larga…”
Una agencia de comunicación… ¿o de noticias?
Acabamos de lanzar un nuevo servicio del que si no hablo, reviento.
Se llama LEWIS Wire y básicamente busca, valiéndose del RSS y otras tecnologías Web 2.0, convertir a la agencia en un “cable de noticias” para periodistas y bloggers sin invadirles el correo electrónico.
Mejor que contároslo, os enlazo a la nota de prensa. Se aceptan comentarios, críticas e impresiones…
Saber lo que se quiere
Uno de los problemas más serios con los que he topado en mi corta vida gestionando personas es el de saber cómo satisfacer las expectativas de mis empleados compañeros. En épocas de vacas gordas -con alguna deshonrosa excepción por mi parte-, más o menos todo el mundo queda contento. Hay dinero para (casi) todos y responsabilidades hasta para el mensajero.
En épocas más duras como en la que nos encontramos, la tarea parece más cercana al encaje de bolillos -actividad injustamente trivializada, por cierto-, que a la administración de una empresa de servicios.
La época de promociones y ascensos reparte a iguales porciones, alegrías y desencantos. Tras la sonrisa y la invitación a cañas (personalmente, las prefiero ANTES de decidir el ascenso ;-), llegan los susurros, el “hayquever” y el: “¿Y yo? ¿Cómo me quedo yo en este reparto inmundo que acabas de hacer dictador fascista sin alma y con los testículos como una nuez? (Y que conste que digo esto por mi experiencia como empleado; de cuando trabajaba en otros lugares menos brillantes).
El caso es que algunas veces, en momentos difíciles, pues se hace complicado satisfacer a todos. Y se hace complicado porque en tu afán por interesarte por el no promocionado -gestionar gente se parece un poco a la vida de una mamá panda: tienes que elegir a un retoño de los dos que te han salido por mera supervivencia-, pues te preguntas de qué forma podrías mitigar su frustración; compensar la mala noticia con otras mejores que, sin ser eso, pues ayuden a que no se te venga abajo la persona.
Hay casos impepinables. Aquellos en los que dos y dos suman tres (sic) y en los que un ascenso significa una renuncia también. (Ojo: renuncia no deseada pero asumible muy a tu pesar).
Otros casos te llevan a las fronteras del sicoanálisis y a darte cuenta de dos Leyes Naturales de la Empresa:
1. Muchos de nosotros no sabemos qué queremos en el plano laboral y nos enfocamos (negativamente) en lo que la empresa NO nos da.
2. Como sicoanalista aficionado que eres (sn diván, para más inri), tu terapia es una mierda y más que aclarar, mancha de caquita todo cuanto ha tocado.
Del segundo axioma no hablo por razones evidentes.
Del primero, todos tenemos ejemplos (propios y ajenos):
“Quiero ser feliz en mi trabajo, tener tiempo para mis hijos y mi mujer, vivir en Lisboa, ganar un sueldo digno, que mis clientes respeten lo buen profesional que soy, dirigir un grupo de grandes profesionales, cobrar a tiempo las facturas, jardín, piscina y perro”. ¿Alguien no se adscribe a esta declaración de objetivos? ¿Alguién lo ha logrado? ¿Cuánto cuesta y dónde se compra o se vende?
Poseso….
Agencias en lista negra por ‘blogspam’
Hace unos días, un colega me mandaba una relación de emails de agencias de comunicación que, según hipertextual, practican el SPAM para relacionarse con bloggers en español.
La lista, aunque aun es pequeña (¡Uff!) contiene algún insigne del sector que no enlazaré aquí por cierto e inexplicable corporativismo. Seguro que crece, pues es un reflejo de una iniciativa puesta en práctica por una redactora de un relevante blog americano llamado Lifehacker. PR Spammers se llama el invento y en ésta sí que estamos, a mi pesar :(
Precisamente hoy, Eva Sanagustín plantea si se debería crear una Lista Negra de agencias que ’spamean’ (yo casi dirían ’spamizan’ porque soy débil de vejiga y enseguida me entran ganas).
Para qué engañarnos: un poco de repelús sí que me dan estas listas.
Por un lado, porque que te incluyan en una lista tiene pinta de ser permanente, para bien o para mal. ¿Alguién ha tenido la suerte de que lo metan en una lista de esas de garitos cool? ¿O de éstas tan de moda dedicadas a morosos y presuntos morosos? Pues eso: que todos tenemos derecho a equivocarnos y el deber de rectificar pero -¡Ay, amigo!-, una vez que estás en La Lista…
Por otro lado, no estoy seguro de quién debe ponerle el cascabel al gato. Resulta inquiteante que una comunidad (vamos a tratar el mundo blogger como un ente porque TODOS sabemos que las honrosas excepciones son tan abundantes como las opiniones que permite Internet), que aboga por la libertad opinativa y de generación de contenidos tenga cierto interés en limitar la forma en la que distintas organizaciones les suministran información.
Quede claro: abomino el spam. Estoy en contra. Lo sufro en silencio.
Pero antes que listas deberíamos pensar en códigos deontológicos para la generación de contenidos. El periodismo acumula centurias de buenas prácticas; de respeto por la verdad; por la veracidad; por el rigor. Unas buenas prácticas que están perdiendo valor empujadas por la rapidez que les exige Internet -y el mundo blog, también-. Antes que buscar enemigos, los bloggers deberíamos diferenciarnos. Diferenciar entre los que respetan la verdad (o cierta dosis de verdad) y los que buscan la rapidez, por encima de cualquier otra cosa. Algo similar creo que ocurre con el periodismo (independientemente del signo político o cultural).
¿Crisis o desaceleración?
Leo los periódicos con aprensión cada día, pues debajo de las muchísimas páginas dedicadas a la Selección (ya verás cuando se nos pase el Efecto Villa) se confirma una situación que hacía mucho no vivíamos: ¡España se hunde! (Y puede que el resto del mundo, también)
El caso es que, conforme proliferan las malas noticias (¿Se leen mucho más que las buenas, no?) pues sientes que te han bajado de la nube y, como decía Arrabal hace años, me he dado cuenta de que: “El Fin del Mundo va a llegaaaaarrr” (o similarrrr).
Leo con mayor aprensión distintas encuestas que hacen diferentes asociaciones como ADECEC en las que se huele el miedo pero nadie se atreve a tocar corneta y a decir claramente: “Sí, esto se hunde, ¿Y qué?”.
Así que he pensado reirme un poco de mi sombra (creciente debido a mi afán por la buena mesa y al sedentarismo propio de la profesión) y preguntaros a VOSOTROS que, al fin y al cabo, sois la profesión e, individualmente, vais a dar unos datos más fiables que cualquier cuestionario corporativo. Si teneis a bien, podeis contestar esta mini-encuesta-de-coña que igual no aporte soluciones pero tal vez confirme eso de “Mal de muchos, …”
Ahí va la pieza: ¿Estamos en Crisis o en Desaceleración económica?



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