Posts con el Tag Gestión

El ‘bullshit’ de las Relaciones Públicas (o la cancamusa 2.0)

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Llevaba meses rumiando este post. De hecho, llevaba meses repitiéndome que debía volver a este espacio. Desde que descubrí el twitter, pues la verdad es que se me hacía duro enfrentarme al Gran Post. Si ando oxidado, ruego me perdonéis.
Hace ya bastantes meses (va para año y medio), que entendí que nuestro pequeño sectorcillo de periodistas metidos a consultores, y de marketinianos metidos a periodistas, estaba sufriendo cambios sólo comparables a los que el señor Madoff trajo para la banca de inversión.
Cambios que afectaban a nuestra formación como profesionales, a nuestra técnica, a nuestra manera de facturar e incluso al modo en que valoramos un perfil adecuado para determinado cliente u objetivo de negocio.
Ha pasado un tiempo equivalente a dos (o tres) embarazos -y a otros tantos partos-, y tampoco estoy seguro de que estemos cerca del fin (o del principio, según se mire).

Nuestro pequeño sectorcillo de periodistas metidos a consultores, y de marketinianos metidos a periodistas, sufre cambios sólo comparables a los que el señor Madoff trajo para la banca de inversión

De lo que estoy seguro es de que las agencias hemos reaccionado como en el pasado: con mucho bullshit, a trompicones y sin creérnoslo demasiado. Estamos haciendo, como sector, lo que mi admirado Millán Berzosa describe como cancamusismo (véase cancamusa).
Así, en este añito en el que hemos asistido al fin del mundo de la Economía… ¿Irreal? (la Economía Real parece tener grandes seguidores hoy, a los que querría preguntarles cómo llamaban al anterior estado económico) hemos descubierto agencias especializadas en Social Media (e incluso en Facebook… ¡o Twitter! como antes ya debió haber agencias especializadas en Expansión, o en El País, por increíble que esto pueda parecer); y empresas que abrían su ansiada división de Social Media a bombo y platillo. Bueno, más bien a bombillo y plato… de lentejas, vamos.
Otras, con cierta ambición, han decidido legítimamente adentrarse en el marketing viral y el online. ¡Suerte!
Obviemos -por el bien sectorial-, que los expertos en SM cuenten sus seguidores en twitter con los dedos de las manos… O que los grandes reportajes sobre las bondades de ser Community Manager no dejen al trasluz las ofertas reales de empleo para esa función: a 700 leuros mensuales… ¡con bonos de comida, chaval! Ni que los grandes (y recientes) expertos en SM se adentren (¡ingenuos!) en el proceloso mundo de la agencia para desaparecer de la blogosfera (salvo rosas excepciones) como el vuelo aquel de Perdidos, que salía de Sidney en dirección nosesabe.
(Continuará…)

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Energía y liderazgo - 9 preguntas que hacerse para elegir un buen jefe

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Estas últimas semanas han sido bastante caóticas. Muy positivas en cuanto a la generación de nuevo negocio y muy estresantes en cuanto a la administración de las emociones, tanto mías como de mi plantilla. A veces ocurre que, en momentos donde lo más apropiado sería celebrar los éxitos, nos centramos en preocuparnos por los nubarrones; las dificultades que ese éxito nos traerá en el futuro. Supongo es inevitable -sobre todo, en momentos tan inciertos como éstos-, pero deberíamos luchar por dedicarnos, al menos, un minuto a saborear la satisfacción del trabajo bien hecho. Me marco una cruz roja en mi casillero de capacidades de gestión.
En estas semanas hemos presentado muchas ideas, muchos planes. Hemos hablado muuuucho (seguramente, demasiado), de Twitter, de Facebook, de Linkedin, de Bitácoras y del Meneame. Mucho de Social Media y de los medios tradicionales, también.
Y al final, con el éxito y con el fracaso, compruebas que lo que suele marcar la diferencia es el empuje; la energía y la capacidad de liderazgo de las personas involucradas en un proceso.
Últimamente, compañías como Asus, Kingston, Sage y alguna más que no puedo mencionar, nos han pedido que les ayudemos a vadear el nuevo río de los Medios Sociales. Me temo que no podemos presumir de un conocimiento extenso del Nuevo Mundo. Tampoco nos vamos poniendo medallas.
El caso es que el denominador común para que ellas -y otras-, hayan optado por elegirnos es, más que el conocimiento -lo teórico lo llevamos todos los que sepamos leer y tengamos una conexión a Internet-, las ganas y la confianza que tenemos en que superaremos las dificultades que se nos presenten.
En una empresa -en cualquiera-, hay profesionales diésel, gasolina y queroseno. La inmensa mayoría, valiosísimos para el buen funcionamiento de una organización. Al menos, de la mía. Muchas veces, los que gestionamos equipos, nos quedamos deslumbrados por la potencia y la velocidad del queroseno. Nos embriaga el olor del Napalm por la mañana ésta se la dedico a Vicente Fernández de Bobadilla. Y caemos en la trampa de asumir que ese profesional -el más astuto; el más listo; el más despierto-, será tu mejor jefe de escuadrilla. Y el caso es que muchas veces ¡la cosa tira!
Y otras veces, la cagas sin remedio y conviertes a tu mejor ejecuta en un tirano -o una sanguijuela-, arruinándole la vida y arruinándosela a sus compañeros (por no hablar de la quimio que tienes que aplicarle a la oficina para no acabar paralizado y hundido en la caca que concienzudamente te has encargado de producir PERSONALMENTE).
Hago aquí unas preguntitas que pueden servir para para detectar jefes en un buen equipo. Cuantos más síes, más jefes:
1. ¿A tu candidato lo aprecian sus compañeros?
2. ¿Se relaciona con ellos después del curro?
3. ¿Acuden a ella/él cuando hay un marrón sin solución, aunque no sea parte de su trabajo?
4. ¿Tiene el respeto EXPLÍCITO de sus clientes?
5. ¿Genera buenos resultados?
6. ¿Influye su opinión (para bien) en la de los demás?
7. ¿Mejora el ambiente de la oficina? ¿Es capaz de levantar un estado de ánimo general decaído con su actitud, trabajo y comentarios?
8. ¿Es honesto/a y justa/o con la valoración de su trabajo y el de los demás?
9. ¿Le preocupa el efecto de sus acciones sobre el conjunto del grupo?

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Moderado optimismo para las Relaciones Publicas

Hace unas semanas, tuve la necesidad de emprender un proceso de selección de personal para la agencia. Fue algo mas bien discreto, apoyado en las redes sociales que uso (facebook y linkedin fundamentalmente) y en mi circulo de amigos y colegas profesionales.
Aunque no era la primera vez que emprendía algo así, lo cierto es que las condiciones laborales del mercado español y la propia dinámica viral de las redes me permitieron completar el proceso en menos de dos semanas, elegir a un gran candidato y tener la pena de haber rechazado a otros igualmente capacitados para el puesto ofertado.
El proceso también me permitió aprender de algunos de ellos, empujándome a escribir este post.
Lo peor de contratar a alguien cualificado en un momento de recesión y en un mercado en plena revolución industrial (afrontémoslo, que es el primer paso para intentar evolucionar) es el ánimo decaído de los profesionales que ofertan su trabajo. Lo mejor es el precio, pero no me siento orgulloso de destacarlo, la verdad. Es, en términos morales, despreciable (aunque en términos empresariales sea justo y aun deseable).
Cuando tienes la suerte de mantener un puesto de dirección en un entorno adverso, te sientes preparado, agobiado y deseoso de emprender ese plan cambiante que has ido configurando entre reuniones interminables, cañas con los amigos (y adversarios), y conversaciones de alcoba unas veces liberadoras y, las menos, atenazantes.
Las dudas llegan cuando te enfrentas a un profesional cuajado y preparado (hay unos cuantos que, incomprensiblemente, no reciben ni una oportunidad) que no sólo duda de su capacitación (¿Quién no dudaría cuando llevas meses desempleado y nadie te contrata?) sino que duda de que, efectivamente, su trabajo valga el esfuerzo y el conocimiento acumulados. Cuando te dicen: “Me lo estoy planteando todo. No tengo edad para seguir dando tumbos; malviviendo y tal vez deba asumir que esto es un gran hobby pero no es un trabajo serio”, se te cae el alma a los pies. Y te planteas si no tendrá razón en su desánimo.
Es el paradigma actual: las organizaciones y los individuos somos cada vez más dependientes de los medios de comunicación. De los tradicionales y de los nuevos medios sociales, configurados por los propios consumidores. Y a la vez, las organizaciones (y los individuos) vamos restándole importancia a los comunicadores odio este nombre, aparcándoles, aislándoles del entorno laboral sólo porque hemos detectado, claramente, que los medios de comunicación de masas y su modelo están en crisis.
Cada palo que aguante su vela. Los medios de comunicación de masas están en crisis; en pleno proceso de revolución industrial. Viven su particular lucha del hombre contra la máquina. Dudo que dejen de existir aunque muchos desaparezcan, como en cualquier industria.
Las agencias estamos en crisis (sí, en crisis. Y si no, quiero que el que no lo esté, saque los libros del registro y demuestre que sus ventas son mayores y que sus márgenes mejores; que su plantilla es hoy mayor que hace un año y que sus ingresos por cliente y empleado son superiores). Si no lo hacen, permítanme que los califique de organizaciones en crisis propietarias de negocios decadentes.
Y aun en crisis, las organizaciones y sus profesionales (empleados o no) vivimos un momento apasionante; único en las últimas décadas. ¿Se imaginan una organización dónde sus profesionales comunicadores (community managers, periodistas, consultores, marketinianos, …) multipliquen su presencia -su peso en cada plantilla-, por dos o por tres? ¡O por más! Yo sí.
El reto para los que “ya estábamos” es seguir empujando, percutiendo. Y evolucionar.
Hoy hay que pagar las nóminas y las hipotecas. Mañana tendremos la oportunidad de que nuestra valía como profesionales de los medios no sólo crezca (no creo que valga mucho menos de lo que vale hoy, la verdad, pues es casi gratis) sino que repercuta DIRECTAMENTE en los números de las organizaciones. De todo tipo. En toda medida.
Vaya este post -aun mediocre-, para todos los que lo intentan y dudan. Que no desfallezcan. Que aprovechen para cambiar un poquito a nivel técnico. Que intenten pagar la hipoteca como sea. Pero que no permitan que, de nuevo, su conocimiento se pierda y lo mastiquen otros, y que lo regurgiten luego con menos arte y conocimiento.

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10 citas de Groucho Marx ideales para una agencia

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Este verano tuve la oportunidad de leer un reportaje marxista de El Mundo Magazine que, entre otras cosas, extractaba trozos de la biografía de Groucho Marx y los relacionaba con los momentos que vivimos actualmente. Me atrajo particularmente la referencia al crack del 29 y a cómo Marx la explicaba en tono agridulce.
Hace unos días, hablaba de eso con una colega y convinimos en que seguramente, este señor hubiese sido un gran director de cuentas. Hoy en día, algunas de sus célebres citas tendrían plena vigencia en el día a día de una agencia. Aquí van algunas que deberíamos decir en cuanto tuviésemos la oportunidad:

Este señor hubiese sido un gran director de cuentas.

1. Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cuatro años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cuatro años! (Quién no ha asistido a una decisiva sesión de formación sobre los productos o servicios de un cliente particularmente complicado)
2. Sólo lo barato no resulta caro. (Para cuando los que tienen que pelear los presupuestos)
3. Señorita… envíele un ramo de rosas rojas y escriba “Te quiero” al dorso de la cuenta. (¡Ah! Esos almuerzos con cliente que algunos acaban COBRANDO al propio cliente).
4. ¿Quiere usted casarse conmigo? ¿Es usted rica? Conteste primero a la segunda pregunta. (Para los concursos en los que todos estamos DESEANDO trabajar para esa empresa, basicamente, porque nos paga las nóminas).
5. ¿Pagar la cuenta? Qué costumbre tan absurda. (Ésta es una línea de pensamiento muy extendida en nuestro país/mercado).
6. La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. (Cambien Política por Comunicación ;-D
7. Es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente. (Imprescindible en reuniones con cliente. Parece que la cita es original de Mark Twain pero para el caso, viene al pelo).
8. El secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad. Si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho. (¡Suspiro!)
9. Puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se deje usted engañar, realmente es un idiota.
10. Disculpen si les llamo caballeros, pero todavía no les conozco bien. (¿Quién no lo ha pensado decir alguna vez?)

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Comunicador generalista frente a especializado en la selección natural… laboral

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Cuando era pequeño, recuerdo que algún que otro día (casi siempre, tras un par de exámenes completados con más pundonor que brillantez) solía hablar con mi madre sobre las cualidades (intelectuales) que la naturaleza había tenido bien a concederme, y que parecían complementarse adecuadamente con el entorno social y familiar que me cayó en gracia.
Solía cuestionar a mi madre (¡la pobre!) acerca de mi extraña cualidad… digamos… no cualitativa. Para entendernos: era un niño que no sobresalía extraordinariamente en nada especial. Tenía amigos que jugaban de cine al baloncesto (¡Me encantaba el baloncesto!), que dibujaban extraordinariamente bien o que tenían una inquietante habilidad para completar los problemas matemáticos. Eso, por no hablar de los más altos, los más guapos (y guapas) o los más cachas.
Le preguntaba a mi madre una y otra vez acerca de por qué no destacaba yo en algo en concreto. Mi madre me contestaba que era el más guapo (algo obligado, viniendo de tu propia madre) y que tal vez mi superpoder residiera en ese generalismo. No me conveció, claro está, y envidié secretamente a mi colega el guapo que se liaba con las macizas, a mi amiga superbrain que pudo estudiar en Oxford o a mi compañero de equipo, que le dio por crecer y llegar a los dos metros de altura (sic). Creo que aún hoy lo hago, aunque la vida no me ha tratado nada mal.
El caso es que hace meses que vivo algo similar en la agencia y casi me atrevería a decir que en mi entorno profesional. En este caso, creo que los papeles, un poco, se han invertido ¡y yo soy mamá!
Tengo la suerte de haberme rodeado de profesionales excelentes. Unos más generalistas y otros más especializados. Hasta la fecha, la diferencia entre los jefes y los indios estaba más cercana a la de los reinos primitivos en los que el rey era el el líder porque, esencialmente, hacía mejor y más a conciencia lo que ordenaba hacer a sus subordinados. (Resumámoslo humorísticamente en pegar cachiporrazos, vamos). Con el liderazgo en las agencias -el management, que dicen otros-, pasa algo parecido. A veces, la cachiporra te la cambian por el teclado, el teléfono o la pasta y la propiedad de la empresa donde trabajas. A veces, el jefe es simplemente, el dueño.
Con la irrupción del 2.0, la salida masiva de los periodistas tradicionales de las redacciones y con su incorporación más o menos masiva a la fauna de agencia, el nuevo entorno laboral tiene que hacer convivir a distintos animales con características bien diferentes. Eso sin contar a la nueva casta de programadores/diseñadores web hasta ahora circunscritos al entorno tecnológico o, cuando menos, al del marketing y la publicidad.
Esta diversidad enriquecedora genera conflictos inevitables que bien pueden resumirse en los festivos What If que cada cierto tiempo publica(ba) la Marvel. Incidiendo en el símil, ¿Que Pasaría Si… La Cosa luchase contra La Masa? Seguramente -al cabo de veintitantas páginas-, no pasaría nada más que un buen rato de lectura y Mr. Fantástico actuando de iluminado templagaitas. Me temo que la vida real no es tan liviana y que no puedo estirarme tanto como mi admirado Reed Richards.
La rapidez con que está cambiando nuestro negocio genera dudas y disputas en las que es crecientemente difícil valorar el papel y la importancia que cada individuo tiene en la cadena de valor. De abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. ¿Por qué mi jefe es mi jefe y no otro? ¿Por qué a mi jefe parece gustarle más mi compañero que yo mismo? ¿Por qué no cobro tanto como él/ella?
Desde mi punto de vista, el líder ideal debe ser lo más parecido a Mr. Fantástico: inteligente como el que más y muy, muy, muuuuuuy fleeeeexibleeeeeee.
La especialización te aporta un status en una organización. En ocasiones, un sueldo mejor que otros compañeros porque nadie sabe hacer eso tan valioso que hace ganar dinero a tu empresa. Pero la diferencia entre liderar un equipo y, en definitiva, dirigir ¡Y ganar más pasta, que de eso se trata!, la marca tu habilidad para adaptarte y valerte de las cualidades de tu gente para dar lo mejor a tu organización y a tus clientes.
Es la especialización en el generalismo, si se me permite.

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La Escalera de Jacob de los profesionales de las Relaciones Públicas

Hace unos días, Roberto Carreras dibujaba en su blog, un horizonte para las notas de prensa. Básicamente, valiéndose de Twitter y del email, nos preguntaba a unos cuantos acerca del futuro de esta herramienta que, aun hoy, sigue siendo la base de la mayor parte de las campañas de relaciones con los periodistas. (Roberto, siento no haber respondido pero si me conectaba una vez más al email, mi mujer seguramente se hubiera divorciado ;-)
El caso es que la transformación industrial en la que estamos inmersos no sólo afecta a las herramientas. Fundamentalmente, afecta a las personas que utilizan estas herramientas.
Lo único positivo que me aporta esta recesión es que me está empujando a tomar decisiones que, de otro modo, nunca hubiera tomado.
Esta última semana (de vacaciones) la he consumido intentando alojar mi blog en un servidor de un tercero, migrando así de wordpress.com a un entorno que me permite personalizar aún más este espacio. Supongo que para muchos esto que he hecho es una chorrada que se hace con la boina pero a mí me ha exigido tal reto (emocional e intelectual) que, cuando conseguí que todo funcionase, no pude reprimir un grito. Es más, creo que desde entonces soy más alto.
Mi particular viacrucis y posterior resurrección no hacen sino confirmar lo que ya advertía hace meses: los profesionales, técnicamente, no estamos a la altura que nos exige el nuevo entorno.
Recuerdo que cuando pedía trabajo de prácticas, me obsesionaba con incluir lo que sabía de QuarkXPress o de otros programas de maquetación. Lo de sintetizar y explicar las cosas bien clarito ya lo llevaba de serie.
El caso es que ahora (algo lógico, por otra parte), las decenas de perfiles mensuales que recibo obvian esa parte técnica ya obsoleta. El drama viene porque nadie parece estar preocupado por sustituir en el CV el viejo QuarkXpress por los conocimientos básicos de construcción de contenidos adaptados a la 2.0. Y ahí llega el drama.
Vivimos en nuestra particular Escalera de Jacob, negándonos a aceptar que o cambiamos, o desapareceremos profesionalmente. Creo que estamos en una situación parecida a la que experimentaron las teles cuando se digitalizaron. En poco tiempo pasaron de equipos de reporteros de varias personas a parejas de reporteros en el que el redactor (y a veces el cámara) también era locutor y editor.
YouTube Preview Image
Oigo demasiado a menudo el latiguillo del Esto yo no lo se hacer o Esto no lo he hecho nunca como si la excusa fuese el bálsamo de Fierabras que te curase esta dolencia profesional.
Mientras tanto, aquellos con conocimientos técnicos, toman la forma por el fondo y asumen que, por poseer una llave inglesa, pueden conducir el Ferrari.

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Adios a las ruedas de prensa

LEWIS ImagebankSupongo que sacar este tema en la semana en que organizamos 2 conferencias de prensa no parece lo más acertado. El caso es que hace ya unas semanas que Javier Inaraja lo sugería en este espacio y no es cuestión de no hacer caso a los (a) amigos y (b) periodistas de negocio claves en este país.

Pablo Sammarco, en su recién estrenado blog de prcomunicación, anticipa que las ruedas de prensa están en peligro de extinción a propósito de una reciente experiencia suya en una reciente conferencia de prensa de Philips, organizada por Text100. Philips y Marcilla, por cierto, anunciaban esto.

Pablo escribe en su blog, que hay otras herramientas orientadas a reducir la incertidumbre del periodista, aliviarle en su trabajo y mejorar -o al menos, igualar-, los resultados obtenidos. Y además, reduciendo costes.

No me queda tan claro el último punto: el de los costes reducidos. Las ruedas de prensa:

1) Abundan

2) No generan información realmente valiosa que no se pueda obtener de otro modo

3) No generan economias de escala (reunir a 20 periodistas en una sala a la vez no asegura un efecto multplicador sobre la información lanzada)

4) Salen MUY baratas (para las empresas que las contratan) precisamente por el primer punto y porque el mercado está tan constreñido que antes mantenemos un cliente que lo dejamos desatendido por falta de fondos. (El que tiene un cliente que pague regularmente tiene un tesoro, vamos).

Pero queramos o no queramos verlo, nuestro negocio comunicante (el de los medios) está en pleno proceso de transformación industrial y NOS AFECTA. Debemos asumir que NO HAY periodistas para tantas conferencias de prensa y que los que hay deben hacer mil y un malabarismos para atender a estos actos. Las tecnologías, afortunadamente, nos van a permitir ayudar un poco; ayudarnos, en definitiva. Queda muy poquito para que sea práctica habitual retransmitir las ruedas por streaming. No ya los eventos; los foros grandilocuentes sobre 2.0 (o 5.0 que comienzo a leer) sino lo mundano: el pan con la mantequilla de nuestro negocio. Que llegue antes o después dependerá de los abismos que saltemos hasta estrellarnos (si nos estrellamos a la primera, reaccionaremos antes, claro) y de la propia capacidad técnica de nuestros profesionales. Con perdón, estamos dejando el web 2.0 en manos de geeks. Normal. Pero no les pertenece. Como la literatura no pertenece a Guttemberg -o a Galgo, el de los folios-, ni el cine a la Kodak. La información; la comunicación pertenece a las personas. Debemos hacer lo posible para que la técnica no les convierta en analfabetos funcionales. Debemos hacer lo imposible porque los analfabetos emocionales (o comunicacionales, no se) no acaparen los contenidos ni que su realidad estrecha se convierta en La Realidad. No parece tarea fácil. Requiere mucho esfuerzo, afán de superación, curiosidad… y una buena dosis de… ¡valor!

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¿Twitter personal o Twitter corporativo?

Hace unas semanas me sugería Alejandro Suárez en su blog que tal vez nos equivocamos en nuestro planteamiento como agencia respecto a Twitter. Como muchos sabéis, hace tiempo decidimos abrir un canal corporativo para LEWIS España en el gorjeador (suena mejor en inglés).

Aunque algunos en la agencia tenemos nuestro propio Twitter, pensábamos que tocaba corporativizarlo y articular un nuevo medio de comunicación común para todos en la compañía, a través del cual transmitiríamos las cosa mollares de nuestro bisnes. Alejandro me decía -o entendí así-, que el error estaba en no personalizarlo. Otros lectores de su blog también reivindicaban que con estas iniciativas, subvertíamos (o pervertíamos, no se) la naturaleza original de Twitter: un medio pensado para personas, que estaba siendo invadido por las empresas.

La semana pasada, Google decidió constituir su propio canal en Twitter. Corporativo; no personal.

Con nuestros aciertos y nuestros errores (estamos comprobando que en el mundo internetizado todo es más rápido, más flexible y, curiosamente, más emotivo; lleno de filias y fobias), creo que no nos equivocamos. La comunicación es una industria y no se por qué razón las empresas de esa industria no deben aprovechar todas las herramientas a su alcance. Ni tampoco, por qué el director de comunicación de una compañía debe “esconderse” tras la apariencia de “un empleado más de la empresa” cuando lo que realmente está haciendo es utilizar Twitter para lanzar mensajes de interés para su corporación (y aprender un montón de su entorno, ojo). Si todo fuese inamovible -empezando por Internet-, la red de redes seguiría siendo una red de uso exclusivamente militar o académico, al alcance solamente de una elite (es curioso cuan de moda está este pensamiento cuando actualmente hablamos del acceso a la Red).

Precisamente hoy, Octavio Rojas planteaba en Twitter si las empresas deberían o no estar allí. Y eso es precisamente lo que os pregunto. ¿Deberían? ¿Deberíamos?

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Millán Berzosa: de La Gaceta a Comunitae.com

Otro que se pasa al Lado Oscuro.

Millán Berzosa, hasta ahora redactor de La Gaceta de los Negocios, se pasa a Comunitae.com para ser el nuevo director de comunicación y community manager de esta plataforma en Internet que pone en contacto a personas que necesitan dinero con otras personas que están dispuestas a prestárselo a cambio de un tipo de interés.

Millán, quién seguirá colaborando para La Gaceta, intentará empujar el P2P Lending en España. ¡Suerte!

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Apoyamos a Cibervoluntarios: nuestro granito en RSC

Hoy anunciamos nuestro granito en Responsabilidad Social Corporativa (RSC)

Para no llenarnos la boca de palabros, hemos decidido predicar con el ejemplo. Algo que creo resulta más valorable en estos tiempos recesivos en los que parece que sólo hay recursos para intentar ganar dinero a corto plazo.

Desde hoy mismo, colaboraremos con la Fundación Cibervoluntarios ayudándoles a dirigir y coordinar sus acciones de comunicación y Relaciones Públicas (RRPP) en e-STAS, un symposio dedicado al uso de las tecnologías para la Acción Social (el 26 y 27 de marzo en mi provincia: Málaga)

Pretendemos apoyar esta iniciativa -que alojará el Palacio de Ferias y Congresos de Málaga-, bajo el título: Innovación para el empoderamiento de la Ciudadanía con el objetivo fundamental de impulsar y fomentar el uso de las nuevas tecnologías en pro de la acción social y del desarrollo humano.

Ni que decir tiene que el tema nos pone. Será una oportunidad única de conocer a más de 200 expertos y profesionales del ámbito tecnológico y social, como Jack Dorsey, Fundador y Presidente de Twitter, John LeSieur, CEO de PeopleCD y creador del ZacBrowser, Kenneth Banks, Fundador de Kiwanja.net o Tapan Parikh, hombre del año 2007 por la revista Technology.

En nuestra modesta medida, vamos a colaborar para que la RSC deje de ser una etiqueta y se convierta en una realidad integrada en la actividad de las empresas.

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