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El ‘bullshit’ de las Relaciones Públicas (o la cancamusa 2.0)
Hace ya bastantes meses (va para año y medio), que entendí que nuestro pequeño sectorcillo de periodistas metidos a consultores, y de marketinianos metidos a periodistas, estaba sufriendo cambios sólo comparables a los que el señor Madoff trajo para la banca de inversión.
Cambios que afectaban a nuestra formación como profesionales, a nuestra técnica, a nuestra manera de facturar e incluso al modo en que valoramos un perfil adecuado para determinado cliente u objetivo de negocio.
Ha pasado un tiempo equivalente a dos (o tres) embarazos -y a otros tantos partos-, y tampoco estoy seguro de que estemos cerca del fin (o del principio, según se mire).
Nuestro pequeño sectorcillo de periodistas metidos a consultores, y de marketinianos metidos a periodistas, sufre cambios sólo comparables a los que el señor Madoff trajo para la banca de inversión
De lo que estoy seguro es de que las agencias hemos reaccionado como en el pasado: con mucho bullshit, a trompicones y sin creérnoslo demasiado. Estamos haciendo, como sector, lo que mi admirado Millán Berzosa describe como cancamusismo (véase cancamusa).
Así, en este añito en el que hemos asistido al fin del mundo de la Economía… ¿Irreal? (la Economía Real parece tener grandes seguidores hoy, a los que querría preguntarles cómo llamaban al anterior estado económico) hemos descubierto agencias especializadas en Social Media (e incluso en Facebook… ¡o Twitter! como antes ya debió haber agencias especializadas en Expansión, o en El País, por increíble que esto pueda parecer); y empresas que abrían su ansiada división de Social Media a bombo y platillo. Bueno, más bien a bombillo y plato… de lentejas, vamos.
Otras, con cierta ambición, han decidido legítimamente adentrarse en el marketing viral y el online. ¡Suerte!
Obviemos -por el bien sectorial-, que los expertos en SM cuenten sus seguidores en twitter con los dedos de las manos… O que los grandes reportajes sobre las bondades de ser Community Manager no dejen al trasluz las ofertas reales de empleo para esa función: a 700 leuros mensuales… ¡con bonos de comida, chaval! Ni que los grandes (y recientes) expertos en SM se adentren (¡ingenuos!) en el proceloso mundo de la agencia para desaparecer de la blogosfera (salvo rosas excepciones) como el vuelo aquel de Perdidos, que salía de Sidney en dirección nosesabe.
(Continuará…)
Consejos para detectar un mal responsable de comunicación
Hace unos años, invité a un buen amigo a que viniese a la oficina a ver cómo trabajábamos. Pedro (así se llama) siempre ha trabajado en medios de comunicación. En algunos de los más relevantes de este país. Hoy es fotógrafo.
El caso es que, en mi ilusión por hacer crecer la empresa en la que me habían contratado, pues decidí invitarle a ver mis dominios. Ese imperio se componía entonces de cinco mesas del IKEA (montadas por nosotros mismos) con sus correspondientes sillas y cajoneras, y un par de armarios (también suecos, montados con mano de obra hispana no cualificada, que éramos nosotros) alojados en una estrecha oficina interior de techos bajos en la siempre animada calle Gran Vía. Sin cuadros. Ni pósters. Y con cada empleado mirando a la pared. Como castigados.
Pedro es un tío cabal, así que no me dijo que seguramente estaba loco y que de ese antro no podía salir nada bueno. Cada cierto tiempo me decía (no se si por lo que vio en mi chiringuito o por otras razones), que las agencias estábamos en la última capa de la cadena alimenticia del bisness y que entre trabajar en una empresa y hacerlo en una agencia, pues no había color. Puede que tenga razón. No es el único que lo piensa.
¿Está disponible para las necesidades de periodistas y bloggers? ¿Y para la agencia? ¿Celebra reuniones periódicas con los diferentes actores externos con los que trabaja? ¿Seguro?
El caso es que, cuando llevas un tiempo moviéndote por ahí, te acaba dando la sensación de que cuando una campaña no satisface las aspiraciones de la directiva, la culpa, siempre es de la agencia. Nunca he trabajado en cliente, así que no conozco las broncas (o halagos) que se llevan los responsables de comunicación y marketing encargados de lidiar con la agencia de relaciones públicas. Pero sí que he advertido cierta relación entre campañas sin pena ni gloria y determinados perfiles profesionales en el nexo de unión entre cliente y agencia. Vayan aquí unas pistas para detectar a un mal responsable de comunicación. Si le val mal la campaña, despida a su agencia (o no). Si detecta ciertos de estos síntomas en su marcom, dircom o similar, hágaselo mirar.
1) Su empresa toca a agencia por año. Cada año llegan unos nuevos consultores con nuevas ideas y, seguramente, expectativas desmedidas. Síntoma de que el que decide no sabe lo que quiere, no sabe gestionar partners/proveedores, no sabe transmitirlo o, directamente, es un ingenuo al que cualquiera le engaña. ¿Quién administra su comunicación corporativa?
2) La culpa de todo (lo malo) la tiene SIEMPRE la agencia. Si ese es el caso, ¿cuál es el valor de su dircom? ¿Si dirige un equipo y el equipo se equivoca? ¿No será que está mal dirigido? ¿Le interesa contar con un elemento incapaz de la autocrítica?
3) La solución siempre la tiene que dar la agencia (¿Para eso los pagamos, no?) ¿Para qué vale entonces el responsable interno? ¿Para reenviar emails?
4) Los éxitos son siempre gracias a labores internas. Si está seguro que esto que le cuentan es cierto, claramente, debería despedir a su agencia. De hecho, debería despedirse usted y dejarlo todo en manos del Directivo/a Total. Su director financiero se lo agradecerá (un poco acojonado, pues el siguiente podría ser… ¡el director financiero!)
5) ¿Está disponible para las necesidades de periodistas y bloggers? ¿Y para la agencia? ¿Celebra reuniones periódicas con los diferentes actores externos con los que trabaja? ¿Seguro?
Pues eso. Seguro que este perfil es más bien escaso en nuestro país. Y seguro que los (raros) casos que hay, bien pueden tener raíz en los presupuestos que se asignan para estos puestos o en la atención que esa empresa presta a su imagen pública. Simplemente, aplíquese el refrán: “Cuando el río suena…”
Energía y liderazgo - 9 preguntas que hacerse para elegir un buen jefe
En estas semanas hemos presentado muchas ideas, muchos planes. Hemos hablado muuuucho (seguramente, demasiado), de Twitter, de Facebook, de Linkedin, de Bitácoras y del Meneame. Mucho de Social Media y de los medios tradicionales, también.
Y al final, con el éxito y con el fracaso, compruebas que lo que suele marcar la diferencia es el empuje; la energía y la capacidad de liderazgo de las personas involucradas en un proceso.
Últimamente, compañías como Asus, Kingston, Sage y alguna más que no puedo mencionar, nos han pedido que les ayudemos a vadear el nuevo río de los Medios Sociales. Me temo que no podemos presumir de un conocimiento extenso del Nuevo Mundo. Tampoco nos vamos poniendo medallas.
El caso es que el denominador común para que ellas -y otras-, hayan optado por elegirnos es, más que el conocimiento -lo teórico lo llevamos todos los que sepamos leer y tengamos una conexión a Internet-, las ganas y la confianza que tenemos en que superaremos las dificultades que se nos presenten.
En una empresa -en cualquiera-, hay profesionales diésel, gasolina y queroseno. La inmensa mayoría, valiosísimos para el buen funcionamiento de una organización.
Y otras veces, la cagas sin remedio y conviertes a tu mejor ejecuta en un tirano -o una sanguijuela-, arruinándole la vida y arruinándosela a sus compañeros (por no hablar de la quimio que tienes que aplicarle a la oficina para no acabar paralizado y hundido en la caca que concienzudamente te has encargado de producir PERSONALMENTE).
Hago aquí unas preguntitas que pueden servir para para detectar jefes en un buen equipo. Cuantos más síes, más jefes:
1. ¿A tu candidato lo aprecian sus compañeros?
2. ¿Se relaciona con ellos después del curro?
3. ¿Acuden a ella/él cuando hay un marrón sin solución, aunque no sea parte de su trabajo?
4. ¿Tiene el respeto EXPLÍCITO de sus clientes?
5. ¿Genera buenos resultados?
6. ¿Influye su opinión (para bien) en la de los demás?
7. ¿Mejora el ambiente de la oficina? ¿Es capaz de levantar un estado de ánimo general decaído con su actitud, trabajo y comentarios?
8. ¿Es honesto/a y justa/o con la valoración de su trabajo y el de los demás?
9. ¿Le preocupa el efecto de sus acciones sobre el conjunto del grupo?
Moderado optimismo para las Relaciones Publicas
Hace unas semanas, tuve la necesidad de emprender un proceso de selección de personal para la agencia. Fue algo mas bien discreto, apoyado en las redes sociales que uso (facebook y linkedin fundamentalmente) y en mi circulo de amigos y colegas profesionales.
Aunque no era la primera vez que emprendía algo así, lo cierto es que las condiciones laborales del mercado español y la propia dinámica viral de las redes me permitieron completar el proceso en menos de dos semanas, elegir a un gran candidato y tener la pena de haber rechazado a otros igualmente capacitados para el puesto ofertado.
El proceso también me permitió aprender de algunos de ellos, empujándome a escribir este post.
Lo peor de contratar a alguien cualificado en un momento de recesión y en un mercado en plena revolución industrial (afrontémoslo, que es el primer paso para intentar evolucionar) es el ánimo decaído de los profesionales que ofertan su trabajo. Lo mejor es el precio, pero no me siento orgulloso de destacarlo, la verdad. Es, en términos morales, despreciable (aunque en términos empresariales sea justo y aun deseable).
Cuando tienes la suerte de mantener un puesto de dirección en un entorno adverso, te sientes preparado, agobiado y deseoso de emprender ese plan cambiante que has ido configurando entre reuniones interminables, cañas con los amigos (y adversarios), y conversaciones de alcoba unas veces liberadoras y, las menos, atenazantes.
Las dudas llegan cuando te enfrentas a un profesional cuajado y preparado (hay unos cuantos que, incomprensiblemente, no reciben ni una oportunidad) que no sólo duda de su capacitación (¿Quién no dudaría cuando llevas meses desempleado y nadie te contrata?) sino que duda de que, efectivamente, su trabajo valga el esfuerzo y el conocimiento acumulados. Cuando te dicen: “Me lo estoy planteando todo. No tengo edad para seguir dando tumbos; malviviendo y tal vez deba asumir que esto es un gran hobby pero no es un trabajo serio”, se te cae el alma a los pies. Y te planteas si no tendrá razón en su desánimo.
Es el paradigma actual: las organizaciones y los individuos somos cada vez más dependientes de los medios de comunicación. De los tradicionales y de los nuevos medios sociales, configurados por los propios consumidores. Y a la vez, las organizaciones (y los individuos) vamos restándole importancia a los comunicadores odio este nombre, aparcándoles, aislándoles del entorno laboral sólo porque hemos detectado, claramente, que los medios de comunicación de masas y su modelo están en crisis.
Cada palo que aguante su vela. Los medios de comunicación de masas están en crisis; en pleno proceso de revolución industrial. Viven su particular lucha del hombre contra la máquina. Dudo que dejen de existir aunque muchos desaparezcan, como en cualquier industria.
Las agencias estamos en crisis (sí, en crisis. Y si no, quiero que el que no lo esté, saque los libros del registro y demuestre que sus ventas son mayores y que sus márgenes mejores; que su plantilla es hoy mayor que hace un año y que sus ingresos por cliente y empleado son superiores). Si no lo hacen, permítanme que los califique de organizaciones en crisis propietarias de negocios decadentes.
Y aun en crisis, las organizaciones y sus profesionales (empleados o no) vivimos un momento apasionante; único en las últimas décadas. ¿Se imaginan una organización dónde sus profesionales comunicadores (community managers, periodistas, consultores, marketinianos, …) multipliquen su presencia -su peso en cada plantilla-, por dos o por tres? ¡O por más! Yo sí.
El reto para los que “ya estábamos” es seguir empujando, percutiendo. Y evolucionar.
Hoy hay que pagar las nóminas y las hipotecas. Mañana tendremos la oportunidad de que nuestra valía como profesionales de los medios no sólo crezca (no creo que valga mucho menos de lo que vale hoy, la verdad, pues es casi gratis) sino que repercuta DIRECTAMENTE en los números de las organizaciones. De todo tipo. En toda medida.
Vaya este post -aun mediocre-, para todos los que lo intentan y dudan. Que no desfallezcan. Que aprovechen para cambiar un poquito a nivel técnico. Que intenten pagar la hipoteca como sea. Pero que no permitan que, de nuevo, su conocimiento se pierda y lo mastiquen otros, y que lo regurgiten luego con menos arte y conocimiento.
10 citas de Groucho Marx ideales para una agencia

Hace unos días, hablaba de eso con una colega y convinimos en que seguramente, este señor hubiese sido un gran director de cuentas. Hoy en día, algunas de sus célebres citas tendrían plena vigencia en el día a día de una agencia. Aquí van algunas que deberíamos decir en cuanto tuviésemos la oportunidad:
Este señor hubiese sido un gran director de cuentas.
1. Claro que lo entiendo. Incluso un niño de cuatro años podría entenderlo. ¡Que me traigan un niño de cuatro años! (Quién no ha asistido a una decisiva sesión de formación sobre los productos o servicios de un cliente particularmente complicado)
2. Sólo lo barato no resulta caro. (Para cuando los que tienen que pelear los presupuestos)
3. Señorita… envíele un ramo de rosas rojas y escriba “Te quiero” al dorso de la cuenta. (¡Ah! Esos almuerzos con cliente que algunos acaban COBRANDO al propio cliente).
4. ¿Quiere usted casarse conmigo? ¿Es usted rica? Conteste primero a la segunda pregunta. (Para los concursos en los que todos estamos DESEANDO trabajar para esa empresa, basicamente, porque nos paga las nóminas).
5. ¿Pagar la cuenta? Qué costumbre tan absurda. (Ésta es una línea de pensamiento muy extendida en nuestro país/mercado).
6. La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. (Cambien Política por Comunicación ;-D
7. Es mejor permanecer callado y parecer tonto que hablar y despejar las dudas definitivamente. (Imprescindible en reuniones con cliente. Parece que la cita es original de Mark Twain pero para el caso, viene al pelo).
8. El secreto del éxito se encuentra en la sinceridad y la honestidad. Si eres capaz de simular eso, lo tienes hecho. (¡Suspiro!)
9. Puede parecer un idiota y actuar como un idiota, pero no se deje usted engañar, realmente es un idiota.
10. Disculpen si les llamo caballeros, pero todavía no les conozco bien. (¿Quién no lo ha pensado decir alguna vez?)
5 razones para trabajar en una agencia (buena)

No les culpo. Generalmente, las empresas que contratan los servicios de una agencia son más grandes, más estructuradas, más sólidas y sus negocios parecen más estables. ¡Dios mío! ¿Qué hago trabajando en una agencia?
Nadie nos cuenta en franqueza, una vez dado el salto, cómo se ve la vida desde el otro lado. Es casi como cuando se te muere alguien cercano. Todos tristes pero no hay forma de saber si, pese a las alabanzas sobre el finado en el velatorio, le tocó cielo, infierno o limbo.
La persona en cuestión suele ganar más dinero (un poco más), a veces dispone de mejores horarios (sólo a veces) y ocupa una parcela de poder que antes no tenía: la de administrar a la/s agenciaaaaa/s (!!!) Y los de la agencia a veces sienten que su excolega de fatigas les mira un poco por encima del hombro. No les culpo. El modelo tradicional de construcción de una agencia en España se basa en sueldos reducidos, muchas horas de trabajo, toneladas de presión gratuita y jefes ausentes más preocupados por poner los pies sobre la mesa de su escritorio que de ayudar a sus equipos a tener éxito y a vivir un poco mejor. (¡Dios mío! ¡Dirijo una galera!)
Curiosamente, estos buenos profesionales emigrados, acaban apoyándose en una agencia pese a que han demostrado con creces que son capaces de lidiar no con una sino con cuatro o cinco cuentas de tamaño considerable y a la vez. ¿Por qué?
1. En una agencia sabes que casi todo el personal trabaja en el mismo sector o en sectores que se tocan continuamente. El intercambio de experiencias y conocimientos te permite estar modestamente a la vanguardia de lo que se cuece en el sector. La formación práctica toma un papel muy importante pese a que los de agencia demos este valor por supuesto en cualquier organización.
2. En la agencia vales lo que vale la facturación de tus cuentas, junto con el desempeño y lo satisfechos que estén tus clientes. Tienes un peso real sobre los números de tu organización. En el cliente, eres el “bicho raro”. Si un director de negocio se te pone tonto en el lado del cliente y pone sus reales sobre la mesa, casi siempre te la tienes que envainar. Salvo que tu consejero delegado sea un visionario.
3. El marketing y las PR son como el fútbol: todo el mundo opina y todos tenemos un consultor-entrenador dentro (luchando por salir y hacer la alineación). ¿Que prefieres: discutir de lo tuyo con otros técnicos o con aficionados? ¿Se te ocurriría discutir de balances contables con tu director financiero? Pues eso. ¿Por qué no ocurre al revés?
4. En una agencia, tu cliente es sólo tu cliente. Nada más y nada menos (el servicio es lo más importante). Ni es tu jefe ni tiene por qué serlo. Conviene recordar que todos somos mejores jefes de puertas para afuera. Si contratase más amigos para trabajar para mí, claramente, tendría menos amigos.
5. En la agencia nunca te aburres. No hay tiempos muertos. Si un cliente está durmiente
Como decía aquél, estos son mis principios y si no, tengo otros. Seguramente haya más (y más poderosas) razones a favor y en contra de lo que planteo. Aquí os lo dejo.
Comunicador generalista frente a especializado en la selección natural… laboral
Solía cuestionar a mi madre (¡la pobre!) acerca de mi extraña cualidad… digamos… no cualitativa. Para entendernos: era un niño que no sobresalía extraordinariamente en nada especial. Tenía amigos que jugaban de cine al baloncesto (¡Me encantaba el baloncesto!), que dibujaban extraordinariamente bien o que tenían una inquietante habilidad para completar los problemas matemáticos. Eso, por no hablar de los más altos, los más guapos (y guapas) o los más cachas.
Le preguntaba a mi madre una y otra vez acerca de por qué no destacaba yo en algo en concreto. Mi madre me contestaba que era el más guapo
El caso es que hace meses que vivo algo similar en la agencia y casi me atrevería a decir que en mi entorno profesional. En este caso, creo que los papeles, un poco, se han invertido
Tengo la suerte de haberme rodeado de profesionales excelentes. Unos más generalistas y otros más especializados. Hasta la fecha, la diferencia entre los jefes y los indios estaba más cercana a la de los reinos primitivos en los que el rey era el el líder porque, esencialmente, hacía mejor y más a conciencia lo que ordenaba hacer a sus subordinados. (Resumámoslo humorísticamente en pegar cachiporrazos, vamos). Con el liderazgo en las agencias -el management, que dicen otros-, pasa algo parecido. A veces, la cachiporra te la cambian por el teclado, el teléfono o la pasta y la propiedad de la empresa donde trabajas.
Con la irrupción del 2.0, la salida masiva de los periodistas tradicionales de las redacciones y con su incorporación más o menos masiva a la fauna de agencia, el nuevo entorno laboral tiene que hacer convivir a distintos animales con características bien diferentes. Eso sin contar a la nueva casta de programadores/diseñadores web hasta ahora circunscritos al entorno tecnológico o, cuando menos, al del marketing y la publicidad.
Esta diversidad enriquecedora genera conflictos inevitables que bien pueden resumirse en los festivos What If que cada cierto tiempo publica(ba) la Marvel. Incidiendo en el símil, ¿Que Pasaría Si… La Cosa luchase contra La Masa? Seguramente -al cabo de veintitantas páginas-, no pasaría nada más que un buen rato de lectura y Mr. Fantástico actuando de iluminado templagaitas. Me temo que la vida real no es tan liviana y que no puedo estirarme tanto como mi admirado Reed Richards.
La rapidez con que está cambiando nuestro negocio genera dudas y disputas en las que es crecientemente difícil valorar el papel y la importancia que cada individuo tiene en la cadena de valor. De abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. ¿Por qué mi jefe es mi jefe y no otro? ¿Por qué a mi jefe parece gustarle más mi compañero que yo mismo? ¿Por qué no cobro tanto como él/ella?
Desde mi punto de vista, el líder ideal debe ser lo más parecido a Mr. Fantástico: inteligente como el que más y muy, muy, muuuuuuy fleeeeexibleeeeeee.
La especialización te aporta un status en una organización. En ocasiones, un sueldo mejor que otros compañeros porque nadie sabe hacer eso tan valioso que hace ganar dinero a tu empresa. Pero la diferencia entre liderar un equipo y, en definitiva, dirigir
Es la especialización en el generalismo, si se me permite.
Una agencia de comunicación… ¿o de noticias?
Acabamos de lanzar un nuevo servicio del que si no hablo, reviento.
Se llama LEWIS Wire y básicamente busca, valiéndose del RSS y otras tecnologías Web 2.0, convertir a la agencia en un “cable de noticias” para periodistas y bloggers sin invadirles el correo electrónico.
Mejor que contároslo, os enlazo a la nota de prensa. Se aceptan comentarios, críticas e impresiones…
Saber lo que se quiere
Uno de los problemas más serios con los que he topado en mi corta vida gestionando personas es el de saber cómo satisfacer las expectativas de mis empleados compañeros. En épocas de vacas gordas -con alguna deshonrosa excepción por mi parte-, más o menos todo el mundo queda contento. Hay dinero para (casi) todos y responsabilidades hasta para el mensajero.
En épocas más duras como en la que nos encontramos, la tarea parece más cercana al encaje de bolillos -actividad injustamente trivializada, por cierto-, que a la administración de una empresa de servicios.
La época de promociones y ascensos reparte a iguales porciones, alegrías y desencantos. Tras la sonrisa y la invitación a cañas (personalmente, las prefiero ANTES de decidir el ascenso ;-), llegan los susurros, el “hayquever” y el: “¿Y yo? ¿Cómo me quedo yo en este reparto inmundo que acabas de hacer dictador fascista sin alma y con los testículos como una nuez? (Y que conste que digo esto por mi experiencia como empleado; de cuando trabajaba en otros lugares menos brillantes).
El caso es que algunas veces, en momentos difíciles, pues se hace complicado satisfacer a todos. Y se hace complicado porque en tu afán por interesarte por el no promocionado -gestionar gente se parece un poco a la vida de una mamá panda: tienes que elegir a un retoño de los dos que te han salido por mera supervivencia-, pues te preguntas de qué forma podrías mitigar su frustración; compensar la mala noticia con otras mejores que, sin ser eso, pues ayuden a que no se te venga abajo la persona.
Hay casos impepinables. Aquellos en los que dos y dos suman tres (sic) y en los que un ascenso significa una renuncia también. (Ojo: renuncia no deseada pero asumible muy a tu pesar).
Otros casos te llevan a las fronteras del sicoanálisis y a darte cuenta de dos Leyes Naturales de la Empresa:
1. Muchos de nosotros no sabemos qué queremos en el plano laboral y nos enfocamos (negativamente) en lo que la empresa NO nos da.
2. Como sicoanalista aficionado que eres (sn diván, para más inri), tu terapia es una mierda y más que aclarar, mancha de caquita todo cuanto ha tocado.
Del segundo axioma no hablo por razones evidentes.
Del primero, todos tenemos ejemplos (propios y ajenos):
“Quiero ser feliz en mi trabajo, tener tiempo para mis hijos y mi mujer, vivir en Lisboa, ganar un sueldo digno, que mis clientes respeten lo buen profesional que soy, dirigir un grupo de grandes profesionales, cobrar a tiempo las facturas, jardín, piscina y perro”. ¿Alguien no se adscribe a esta declaración de objetivos? ¿Alguién lo ha logrado? ¿Cuánto cuesta y dónde se compra o se vende?
Poseso….
5 años no es nada
Comparado con otros que tienen diez, veinte o cien, pues la verdad es que parece poco. Pero estábamos contentos y (como Míchel decía en aquel campeonato), un poco “nos lo merecíamos”.
Tengo un buen cliente que dice que conseguir que una empresa sobreviva durante cinco años es una cosa de mérito. Algo de eso debe saber, pues en su vida ha creado algunos “monstruos” con un éxito notable.
El caso es que ayer nos volvimos flamencos y celebramos nuestro quinto aniversario con nuestros amigos y colegas. Dejo a su opinión la valoración del modesto ágape. Sí que me anticipo para agradecerles que viniesen y por su apoyo en estos años que, no por exitosos, han sido fáciles.
A riesgo de ponerme lacrimógeno, quiero agradecer a Belén, Carlota, Alba, Patricia, Julia, Bea, Elena, Carolina, Marga, Jose, Inés, Eider, Rosa, Marisa, Virginia, María, Noreddine, Romain, Aleixandre, Juan, Raúl y Juan Pablo su trabajo y esfuerzo constante para hacer de LEWIS algo -modesto aún-, pero sin duda irrepetible (desde mi particularísimo y viciado punto de vista).
Para los que vinisteis a nuestra celebración y para los que no, aquí os pego algunas fotillos de las estrellas del sarao ;)
Manuel Leceta (Autobild), Manuel Arenas y Carolina Denia (www.clipset.net) con algunas LEWISIANAS…
Santiago Tejedor (Micromanía), inmejorablemente acompañado.
Beatriz Moratinos (TOPCOM) y uno que se coló de rondón.
Javier Cortijo (ABC), Eider Díaz (LEWIS) y José Herráez (SEGA).
Inma Avia (izquierda, arriba) y Pablo Sammarco (abajo, derecha), ambos de PR Noticias.
Paula y Nacho Niño (ambos de AXN), junto a Ramón Abad (AMD).
Santiago Iglesias (Atisreal) junto a Beatriz Alegría (LEWIS)
Juan Pablo Ramírez (LEWIS PR) con Chema Nieto (PR Noticias)
Laura Garrido (Etrasa) y Vanessa Draguet.
JulioLópez (Ecoembes), Marisa Orellana (LEWIS) y Miguel Ángel López
Arantxa Herranz (PC World), Silvia Torres (TCN) y Raúl Puerta (LEWIS)
Eva Santander (Dirigentes), Franco Bendayan y Alba Roig (LEWIS)



















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