Archivo para la categoria Gestión

Consejos para detectar un mal responsable de comunicación

Hace unos años, invité a un buen amigo a que viniese a la oficina a ver cómo trabajábamos. Pedro (así se llama) siempre ha trabajado en medios de comunicación. En algunos de los más relevantes de este país. Hoy es fotógrafo.
El caso es que, en mi ilusión por hacer crecer la empresa en la que me habían contratado, pues decidí invitarle a ver mis dominios. Ese imperio se componía entonces de cinco mesas del IKEA (montadas por nosotros mismos) con sus correspondientes sillas y cajoneras, y un par de armarios (también suecos, montados con mano de obra hispana no cualificada, que éramos nosotros) alojados en una estrecha oficina interior de techos bajos en la siempre animada calle Gran Vía. Sin cuadros. Ni pósters. Y con cada empleado mirando a la pared. Como castigados.
Pedro es un tío cabal, así que no me dijo que seguramente estaba loco y que de ese antro no podía salir nada bueno. Cada cierto tiempo me decía (no se si por lo que vio en mi chiringuito o por otras razones), que las agencias estábamos en la última capa de la cadena alimenticia del bisness y que entre trabajar en una empresa y hacerlo en una agencia, pues no había color. Puede que tenga razón. No es el único que lo piensa.

¿Está disponible para las necesidades de periodistas y bloggers? ¿Y para la agencia? ¿Celebra reuniones periódicas con los diferentes actores externos con los que trabaja? ¿Seguro?

El caso es que, cuando llevas un tiempo moviéndote por ahí, te acaba dando la sensación de que cuando una campaña no satisface las aspiraciones de la directiva, la culpa, siempre es de la agencia. Nunca he trabajado en cliente, así que no conozco las broncas (o halagos) que se llevan los responsables de comunicación y marketing encargados de lidiar con la agencia de relaciones públicas. Pero sí que he advertido cierta relación entre campañas sin pena ni gloria y determinados perfiles profesionales en el nexo de unión entre cliente y agencia. Vayan aquí unas pistas para detectar a un mal responsable de comunicación. Si le val mal la campaña, despida a su agencia (o no). Si detecta ciertos de estos síntomas en su marcom, dircom o similar, hágaselo mirar.

1) Su empresa toca a agencia por año. Cada año llegan unos nuevos consultores con nuevas ideas y, seguramente, expectativas desmedidas. Síntoma de que el que decide no sabe lo que quiere, no sabe gestionar partners/proveedores, no sabe transmitirlo o, directamente, es un ingenuo al que cualquiera le engaña. ¿Quién administra su comunicación corporativa?
2) La culpa de todo (lo malo) la tiene SIEMPRE la agencia. Si ese es el caso, ¿cuál es el valor de su dircom? ¿Si dirige un equipo y el equipo se equivoca? ¿No será que está mal dirigido? ¿Le interesa contar con un elemento incapaz de la autocrítica?
3) La solución siempre la tiene que dar la agencia (¿Para eso los pagamos, no?) ¿Para qué vale entonces el responsable interno? ¿Para reenviar emails?
4) Los éxitos son siempre gracias a labores internas. Si está seguro que esto que le cuentan es cierto, claramente, debería despedir a su agencia. De hecho, debería despedirse usted y dejarlo todo en manos del Directivo/a Total. Su director financiero se lo agradecerá (un poco acojonado, pues el siguiente podría ser… ¡el director financiero!)
5) ¿Está disponible para las necesidades de periodistas y bloggers? ¿Y para la agencia? ¿Celebra reuniones periódicas con los diferentes actores externos con los que trabaja? ¿Seguro?

Pues eso. Seguro que este perfil es más bien escaso en nuestro país. Y seguro que los (raros) casos que hay, bien pueden tener raíz en los presupuestos que se asignan para estos puestos o en la atención que esa empresa presta a su imagen pública. Simplemente, aplíquese el refrán: “Cuando el río suena…”

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Energía y liderazgo - 9 preguntas que hacerse para elegir un buen jefe

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Estas últimas semanas han sido bastante caóticas. Muy positivas en cuanto a la generación de nuevo negocio y muy estresantes en cuanto a la administración de las emociones, tanto mías como de mi plantilla. A veces ocurre que, en momentos donde lo más apropiado sería celebrar los éxitos, nos centramos en preocuparnos por los nubarrones; las dificultades que ese éxito nos traerá en el futuro. Supongo es inevitable -sobre todo, en momentos tan inciertos como éstos-, pero deberíamos luchar por dedicarnos, al menos, un minuto a saborear la satisfacción del trabajo bien hecho. Me marco una cruz roja en mi casillero de capacidades de gestión.
En estas semanas hemos presentado muchas ideas, muchos planes. Hemos hablado muuuucho (seguramente, demasiado), de Twitter, de Facebook, de Linkedin, de Bitácoras y del Meneame. Mucho de Social Media y de los medios tradicionales, también.
Y al final, con el éxito y con el fracaso, compruebas que lo que suele marcar la diferencia es el empuje; la energía y la capacidad de liderazgo de las personas involucradas en un proceso.
Últimamente, compañías como Asus, Kingston, Sage y alguna más que no puedo mencionar, nos han pedido que les ayudemos a vadear el nuevo río de los Medios Sociales. Me temo que no podemos presumir de un conocimiento extenso del Nuevo Mundo. Tampoco nos vamos poniendo medallas.
El caso es que el denominador común para que ellas -y otras-, hayan optado por elegirnos es, más que el conocimiento -lo teórico lo llevamos todos los que sepamos leer y tengamos una conexión a Internet-, las ganas y la confianza que tenemos en que superaremos las dificultades que se nos presenten.
En una empresa -en cualquiera-, hay profesionales diésel, gasolina y queroseno. La inmensa mayoría, valiosísimos para el buen funcionamiento de una organización. Al menos, de la mía. Muchas veces, los que gestionamos equipos, nos quedamos deslumbrados por la potencia y la velocidad del queroseno. Nos embriaga el olor del Napalm por la mañana ésta se la dedico a Vicente Fernández de Bobadilla. Y caemos en la trampa de asumir que ese profesional -el más astuto; el más listo; el más despierto-, será tu mejor jefe de escuadrilla. Y el caso es que muchas veces ¡la cosa tira!
Y otras veces, la cagas sin remedio y conviertes a tu mejor ejecuta en un tirano -o una sanguijuela-, arruinándole la vida y arruinándosela a sus compañeros (por no hablar de la quimio que tienes que aplicarle a la oficina para no acabar paralizado y hundido en la caca que concienzudamente te has encargado de producir PERSONALMENTE).
Hago aquí unas preguntitas que pueden servir para para detectar jefes en un buen equipo. Cuantos más síes, más jefes:
1. ¿A tu candidato lo aprecian sus compañeros?
2. ¿Se relaciona con ellos después del curro?
3. ¿Acuden a ella/él cuando hay un marrón sin solución, aunque no sea parte de su trabajo?
4. ¿Tiene el respeto EXPLÍCITO de sus clientes?
5. ¿Genera buenos resultados?
6. ¿Influye su opinión (para bien) en la de los demás?
7. ¿Mejora el ambiente de la oficina? ¿Es capaz de levantar un estado de ánimo general decaído con su actitud, trabajo y comentarios?
8. ¿Es honesto/a y justa/o con la valoración de su trabajo y el de los demás?
9. ¿Le preocupa el efecto de sus acciones sobre el conjunto del grupo?

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Moderado optimismo para las Relaciones Publicas

Hace unas semanas, tuve la necesidad de emprender un proceso de selección de personal para la agencia. Fue algo mas bien discreto, apoyado en las redes sociales que uso (facebook y linkedin fundamentalmente) y en mi circulo de amigos y colegas profesionales.
Aunque no era la primera vez que emprendía algo así, lo cierto es que las condiciones laborales del mercado español y la propia dinámica viral de las redes me permitieron completar el proceso en menos de dos semanas, elegir a un gran candidato y tener la pena de haber rechazado a otros igualmente capacitados para el puesto ofertado.
El proceso también me permitió aprender de algunos de ellos, empujándome a escribir este post.
Lo peor de contratar a alguien cualificado en un momento de recesión y en un mercado en plena revolución industrial (afrontémoslo, que es el primer paso para intentar evolucionar) es el ánimo decaído de los profesionales que ofertan su trabajo. Lo mejor es el precio, pero no me siento orgulloso de destacarlo, la verdad. Es, en términos morales, despreciable (aunque en términos empresariales sea justo y aun deseable).
Cuando tienes la suerte de mantener un puesto de dirección en un entorno adverso, te sientes preparado, agobiado y deseoso de emprender ese plan cambiante que has ido configurando entre reuniones interminables, cañas con los amigos (y adversarios), y conversaciones de alcoba unas veces liberadoras y, las menos, atenazantes.
Las dudas llegan cuando te enfrentas a un profesional cuajado y preparado (hay unos cuantos que, incomprensiblemente, no reciben ni una oportunidad) que no sólo duda de su capacitación (¿Quién no dudaría cuando llevas meses desempleado y nadie te contrata?) sino que duda de que, efectivamente, su trabajo valga el esfuerzo y el conocimiento acumulados. Cuando te dicen: “Me lo estoy planteando todo. No tengo edad para seguir dando tumbos; malviviendo y tal vez deba asumir que esto es un gran hobby pero no es un trabajo serio”, se te cae el alma a los pies. Y te planteas si no tendrá razón en su desánimo.
Es el paradigma actual: las organizaciones y los individuos somos cada vez más dependientes de los medios de comunicación. De los tradicionales y de los nuevos medios sociales, configurados por los propios consumidores. Y a la vez, las organizaciones (y los individuos) vamos restándole importancia a los comunicadores odio este nombre, aparcándoles, aislándoles del entorno laboral sólo porque hemos detectado, claramente, que los medios de comunicación de masas y su modelo están en crisis.
Cada palo que aguante su vela. Los medios de comunicación de masas están en crisis; en pleno proceso de revolución industrial. Viven su particular lucha del hombre contra la máquina. Dudo que dejen de existir aunque muchos desaparezcan, como en cualquier industria.
Las agencias estamos en crisis (sí, en crisis. Y si no, quiero que el que no lo esté, saque los libros del registro y demuestre que sus ventas son mayores y que sus márgenes mejores; que su plantilla es hoy mayor que hace un año y que sus ingresos por cliente y empleado son superiores). Si no lo hacen, permítanme que los califique de organizaciones en crisis propietarias de negocios decadentes.
Y aun en crisis, las organizaciones y sus profesionales (empleados o no) vivimos un momento apasionante; único en las últimas décadas. ¿Se imaginan una organización dónde sus profesionales comunicadores (community managers, periodistas, consultores, marketinianos, …) multipliquen su presencia -su peso en cada plantilla-, por dos o por tres? ¡O por más! Yo sí.
El reto para los que “ya estábamos” es seguir empujando, percutiendo. Y evolucionar.
Hoy hay que pagar las nóminas y las hipotecas. Mañana tendremos la oportunidad de que nuestra valía como profesionales de los medios no sólo crezca (no creo que valga mucho menos de lo que vale hoy, la verdad, pues es casi gratis) sino que repercuta DIRECTAMENTE en los números de las organizaciones. De todo tipo. En toda medida.
Vaya este post -aun mediocre-, para todos los que lo intentan y dudan. Que no desfallezcan. Que aprovechen para cambiar un poquito a nivel técnico. Que intenten pagar la hipoteca como sea. Pero que no permitan que, de nuevo, su conocimiento se pierda y lo mastiquen otros, y que lo regurgiten luego con menos arte y conocimiento.

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La relación con la agencia dura más que el contacto del cliente

Ayer, mientras volvíamos de una reunión con un nuevo cliente al que llevábamos persiguiendo más de dos años, hicimos repaso casual de cuánto cambian los contactos -de comunicación, de marketing o de ambos-, en las empresas cliente o potencial cliente.
Cambian tánto como veces escuchamos este latiguillo cuando acudimos a un concurso o reunión: “Las agencias son todas iguales: al principio mucha caña y proactividad pero la cosa, al final, languidece… ¡Y toca cambiar!”
Hay empresas en las que este particular ciclo de la vida les dura más -por factores emocionales, comerciales y geográficos-, mientras que otras cambian de partner de comunicación más o menos, cuando se les enfría el café.
La paradoja del asunto es que en muchas ocasiones, el promotor de ese cambio es un profesional de incorporación reciente al cargo, que suele despedirse poco tiempo después de montarte el carajal en busca de pastos más verdes.
Hace unos años, recuerdo que uno de nuestros clientes internacionales incorporó a un PR Manager paneuropeo que parecía llegar con las ideas muy claras. Nada más aterrizar, nos exigió que aumentásemos los resultados un 30% en el siguiente trimestre. Pasó las semanas siguientes de país en país, organizando encuentros y ruedas de prensa “a ver si lo que le contábamos era cierto”. Entonces y ahora, sigo pensando que gente con ese empuje es muy valiosa en las empresas. No hay que dar nada por supuesto.
Recuerdo que, tras celebrar con éxito una rueda de prensa en Madrid, se volvió hacia mi y me dijo: “Cuando me mandabas la lista de periodistas confirmados, pensaba que tenías muchos amigos y familiares (sic). Ahora se que en Madrid hay más periodistas de los que pensaba y que, además, ¡casi todos son mujeres!” Chascarrillos fuera de tono aparte, el hombre estaba encantado. Dimos la talla aquí y en todos los mercados europeos.

“Cuando me mandabas la lista de periodistas confirmados, pensaba que tenías muchos amigos y familiares (sic). Ahora se que en Madrid hay más periodistas de los que pensaba y que, además, ¡casi todos son mujeres!”

Como premio, a los seis meses convocó un macro concurso que nos hizo temblar. Eran un buen cliente con el que nos sentíamos plenamente identificados. Nos gustaba lo que hacíamos y para quien lo hacíamos… y lo hacíamos en muuuchos países. Total: zafarrancho de combate.
La cosa salió bien. Aprovechamos el tiempo para seguir aumentando los resultados (mismo precio, ojo) y las cosas que les propusimos, les encajaron. Parece que no estábamos agotados. Prueba superada. Habíamos conseguido, después de cinco años creciendo al ritmo de nuestro cliente (un ritmo muy alto en ambos casos), echar los higadillos, remover Roma con Santiago y dar la tercera voltereta con tirabuzón para satisfacer la curiosidad del hombre al mando. La marca se benefició también.
Poco después, el arquitecto del “Deconstructing LEWIS”, nos anuncia que deja la empresa para irse a un cargo mejor en otra compañía. ¡Bye, bye, American pies!
Aun reconociéndole su valor, escribo esto para rebelarme un tanto sobre el papel y las intenciones que nos atribuyen a las agencias de comunicación. Da la sensación de que vamos a por la pasta y ya está cuando, por norma general:
* Contratamos indefinidamente a los mejores profesionales para nuestros clientes (somos nosotros los que los seleccionamos, asumimos el riesgo del despido, promovemos el desarrollo de una carrera profesional y pagamos la nómina aunque la factura se abone con retraso).
* Ajustamos precios (vale, por la presión del mercado) cuando el cliente lo requiere, porque vienen mal dadas o porque hay cosas más prioritarias.
* SIEMPRE Velamos por la marca (a veces bien, a veces no tanto) por encima de los vaivenes de directivos de ida y vuelta. Cuando llega alguien nuevo, casi nunca le convence la agencia. Pero la realidad es que somos los únicos que conocemos el meollo y en los que se puede uno apoyar, precisamente, porque no buscamos “ser califa en lugar del califa”.
Pese a todo, parece legítimo cuestionar una labor profesional cada tres meses (o cada seis). Y no lo parece tanto aumentar los honorarios (o las funciones requeridas) a otros profesionales -externos o internos-, de otras áreas del negocio…

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De profesión: conferenciante

Ayer el día me cundió bastante. En apenas unas horas, pude asistir a la entrega de premios de Internet de la AUI y, por casualidad, encontrarme con dos colegas de profesión que trabajan dentro de uno de los gigantes de las telecos mundiales y que, casualmente, también (¿?) fueron periodistas.
Me preguntaron por el evento y no pude más que serle sincero: me dio vergüenza ajena y aun no entiendo cómo pudo celebrarse en las instalaciones del Ministerio de Industria y contar con la presencia de mi muy admirado Francisco Ros.
En dos horas, asistimos a la entrega de cuatro premios (casi a uno por hora; ni los Oscars), a la desaparición de una candidatura (sin previo aviso, como nos indicaba uno de los ¿candidatos? a la salida del acto) y al cambio de categoría de uno de los “galardonados”. Hablo del buen programa Cámara Abierta que, sinceramente, no merece recibir este tipo de premios por chapucero (el premio, que no el programa) aunque se lo otorgue personalmente Rosalía Lloret, directora de medios interactivos de iRTVE, que así todo queda en casa.
Para remate del tomate, uno de los cuatro galardonados (ojo al dato) no se presentó (!!) No creo que tengan complejo de Woody Allen. Simplemente que, al ser una organización Colombiana no entiendo muy bien que se premie a una organización que no opera en España pero eso es otro cantar pues no pareció darles tiempo a viajar desde Medellín a Madrid en el tiempo en que se les comunicó su candidatura: menos de 48 horas. (Nuevo ejemplo de previsión y capacidad organizativa, claro). Supongo que la AUI tendrá las fotos de Antonio Fumero -quien “entregó” el premio-, posando sólo con la estatuilla frente al photocall.
Entre tanto (no hablaré del alarde de Powerpoint pre-internet-1.0, llena de erratas incluso en las direcciones de las páginas web de los nominados hasta el punto de hablar de ‘webs’ en género masculino… Supongo que eso debe ser una aportación 2.0), algunos de los que allí estábamos tuvimos la sensación de asistir a un acto endogámico e improvisado.
La labor de Ícaro Moyano al frente de la comunicación de Tuenti es de libro. Creo que nos enseña a todos cómo debe ser un buen divulgador corporativo. Y reconozco ser un asiduo lector del blog de Fumero, aunque no le conozca personalmente. Pero sinceramente, no creo que ni el formato -en el caso de Ícaro-, ni la actitud -Fumero tiene un sentido del humor ácido y afilado que refleja su inteligencia-, les beneficiase ayer. No se puede sugerir el “intercambio de materias primas con Colombia” en un acto en el que un ministerio de un país presta su suelo (y su techo)… Aunque pensase en el café, claramente.
Si se nos llena la boca de hablar del prestigio de una marca -sea personal o corporativa-, tal vez debamos cuidar más en qué cestos ponemos los huevos. No vale todo como excusa para quedar y hablar de lo nuestro, “tomar unas cervecitas” e intercambiarnos piropos (o coces).
En el foro aludido, se nos recordó que desconfiásemos de los gurus. Habrá de todo, como en botica. Pero tal vez debamos preguntarnos de dónde proviene la principal actividad económica de los nuevos expertos de Internet -y no hablo necesariamente de los cuatro miembros del jurado del sarao de la AUI, ya que todos tienen claramente otras profesiones-. Si de crear empresas, desarrollarlas y hacerlas crecer o de dar conferencias a diestro y siniestro.
¿Por qué digo esto? Pues por la reflexión que le hice a mis colegas de Orange:
- Creo que en Internet en España faltan periodistas; cronistas de verdad.
- ¿Ya, pero de qué vivirían? -me contestaron. Buena pregunta.

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IDG lanza nueva publicación… (online, claro está)

Hace unos días IDG anunciaba el lanzamiento de una nueva publicación tecnológica. Esta vez, dedicada a seguridad informática bajo la cabecera CSO España. Lógicamente, en versión únicamente online; sin papel.
Como aún ando confuso tras desayunarme el larguísimo y pese a ello, interesante artículo de John Carlin en El País acerca del futuro de la prensa -¡Qué alarde de fuentes consultadas!-, pues no entraré a valorar si la iniciativa tendrá éxito o no. Parece que saldrá más barato que tirar papel pero desconozco si la seguridad (y los anunciantes de seguridad) tendrán o no futuro. Entiendo que sí, ya que, conforme tengan más importancia Internet y el consumo de contenidos digitales, pues más necesidad tendremos de que alguien se ocupe de que cerremos bien la casa cuando salgamos a tomar el solecito. Además, parece que la iniciativa ya ha tenido éxito en Estados Unidos, Australia, Suecia, Italia, Polonia y Pakistán (países que sólo parecen tener en común la preocupación por la seguridad informática).
El caso es que le veo un gran pero al nuevo medio recién nacido de ésta, fijo que me fríen y, de paso, a mis clientes ¡Gulps!: ¡NO PUEDO OPINARRRRRRR!! Ya, ya se que el bloggerismo es un síntoma (más) de la egolatría. Y no obstante, creo que uno de los valores de los nuevos medios online es, precisamente, el de los comentarios. Reconozco que a veces me meto en el As o en el Marca para reirme con los comentarios (anónimos casi siempre) de distintos usuarios acerca de los “Calderetas” y los “Gominas” (no se me ofenda nadie que sólo copio terminología sin señalar a persona alguna). También reconozco que eso no aporta valor esencial más allá del entretenimiento. Sin embargo, el valor del comentario puede cambiar enormemente si los que comentan son parte activa e integrante de un sector en particular. Es interesante saber lo que un directivo le cuenta a un periodista y lo que éste último interpreta (a menudo, es MUCHO más interesante lo segundo). Mucho más sería conocer qué opina el directivo de enfrente (o de al lado, para no polemizar más): Con su foto, su cargo y demás. Sería el previo a crear una red social profesional alrededor de los contenidos. ¿Y quien sabe? Tal vez hasta se podría cobrar por ello…

Nota: CSO España completa el catálogo de productos editoriales que publica IDG Communications en España con Computerworld, Network World, PC World Profesional, PCW Digital, CIO, iWorld, Gameprotv, Macworld y Dealer World.

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La Escalera de Jacob de los profesionales de las Relaciones Públicas

Hace unos días, Roberto Carreras dibujaba en su blog, un horizonte para las notas de prensa. Básicamente, valiéndose de Twitter y del email, nos preguntaba a unos cuantos acerca del futuro de esta herramienta que, aun hoy, sigue siendo la base de la mayor parte de las campañas de relaciones con los periodistas. (Roberto, siento no haber respondido pero si me conectaba una vez más al email, mi mujer seguramente se hubiera divorciado ;-)
El caso es que la transformación industrial en la que estamos inmersos no sólo afecta a las herramientas. Fundamentalmente, afecta a las personas que utilizan estas herramientas.
Lo único positivo que me aporta esta recesión es que me está empujando a tomar decisiones que, de otro modo, nunca hubiera tomado.
Esta última semana (de vacaciones) la he consumido intentando alojar mi blog en un servidor de un tercero, migrando así de wordpress.com a un entorno que me permite personalizar aún más este espacio. Supongo que para muchos esto que he hecho es una chorrada que se hace con la boina pero a mí me ha exigido tal reto (emocional e intelectual) que, cuando conseguí que todo funcionase, no pude reprimir un grito. Es más, creo que desde entonces soy más alto.
Mi particular viacrucis y posterior resurrección no hacen sino confirmar lo que ya advertía hace meses: los profesionales, técnicamente, no estamos a la altura que nos exige el nuevo entorno.
Recuerdo que cuando pedía trabajo de prácticas, me obsesionaba con incluir lo que sabía de QuarkXPress o de otros programas de maquetación. Lo de sintetizar y explicar las cosas bien clarito ya lo llevaba de serie.
El caso es que ahora (algo lógico, por otra parte), las decenas de perfiles mensuales que recibo obvian esa parte técnica ya obsoleta. El drama viene porque nadie parece estar preocupado por sustituir en el CV el viejo QuarkXpress por los conocimientos básicos de construcción de contenidos adaptados a la 2.0. Y ahí llega el drama.
Vivimos en nuestra particular Escalera de Jacob, negándonos a aceptar que o cambiamos, o desapareceremos profesionalmente. Creo que estamos en una situación parecida a la que experimentaron las teles cuando se digitalizaron. En poco tiempo pasaron de equipos de reporteros de varias personas a parejas de reporteros en el que el redactor (y a veces el cámara) también era locutor y editor.
YouTube Preview Image
Oigo demasiado a menudo el latiguillo del Esto yo no lo se hacer o Esto no lo he hecho nunca como si la excusa fuese el bálsamo de Fierabras que te curase esta dolencia profesional.
Mientras tanto, aquellos con conocimientos técnicos, toman la forma por el fondo y asumen que, por poseer una llave inglesa, pueden conducir el Ferrari.

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Adios a las ruedas de prensa

LEWIS ImagebankSupongo que sacar este tema en la semana en que organizamos 2 conferencias de prensa no parece lo más acertado. El caso es que hace ya unas semanas que Javier Inaraja lo sugería en este espacio y no es cuestión de no hacer caso a los (a) amigos y (b) periodistas de negocio claves en este país.

Pablo Sammarco, en su recién estrenado blog de prcomunicación, anticipa que las ruedas de prensa están en peligro de extinción a propósito de una reciente experiencia suya en una reciente conferencia de prensa de Philips, organizada por Text100. Philips y Marcilla, por cierto, anunciaban esto.

Pablo escribe en su blog, que hay otras herramientas orientadas a reducir la incertidumbre del periodista, aliviarle en su trabajo y mejorar -o al menos, igualar-, los resultados obtenidos. Y además, reduciendo costes.

No me queda tan claro el último punto: el de los costes reducidos. Las ruedas de prensa:

1) Abundan

2) No generan información realmente valiosa que no se pueda obtener de otro modo

3) No generan economias de escala (reunir a 20 periodistas en una sala a la vez no asegura un efecto multplicador sobre la información lanzada)

4) Salen MUY baratas (para las empresas que las contratan) precisamente por el primer punto y porque el mercado está tan constreñido que antes mantenemos un cliente que lo dejamos desatendido por falta de fondos. (El que tiene un cliente que pague regularmente tiene un tesoro, vamos).

Pero queramos o no queramos verlo, nuestro negocio comunicante (el de los medios) está en pleno proceso de transformación industrial y NOS AFECTA. Debemos asumir que NO HAY periodistas para tantas conferencias de prensa y que los que hay deben hacer mil y un malabarismos para atender a estos actos. Las tecnologías, afortunadamente, nos van a permitir ayudar un poco; ayudarnos, en definitiva. Queda muy poquito para que sea práctica habitual retransmitir las ruedas por streaming. No ya los eventos; los foros grandilocuentes sobre 2.0 (o 5.0 que comienzo a leer) sino lo mundano: el pan con la mantequilla de nuestro negocio. Que llegue antes o después dependerá de los abismos que saltemos hasta estrellarnos (si nos estrellamos a la primera, reaccionaremos antes, claro) y de la propia capacidad técnica de nuestros profesionales. Con perdón, estamos dejando el web 2.0 en manos de geeks. Normal. Pero no les pertenece. Como la literatura no pertenece a Guttemberg -o a Galgo, el de los folios-, ni el cine a la Kodak. La información; la comunicación pertenece a las personas. Debemos hacer lo posible para que la técnica no les convierta en analfabetos funcionales. Debemos hacer lo imposible porque los analfabetos emocionales (o comunicacionales, no se) no acaparen los contenidos ni que su realidad estrecha se convierta en La Realidad. No parece tarea fácil. Requiere mucho esfuerzo, afán de superación, curiosidad… y una buena dosis de… ¡valor!

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¿Vocento apuesta por el 2.0 con hoyTecnología?

Leo con alegría que Vocento se adentra en el 2.0 con hoyTecnología. Felicides y bienvenidos. También alegra que haya periodistas ‘puros’ creando los contenidos en los “nuevos” medios.

Me tiene un poco despistado el formato (por la abundancia de páginas y la agregación de blogs) aunque sorprende gratamente la importancia que le dan a la ubicación de la publicidad en la página. Deduzco que:

1. Se ha pensado el formato (también el publicitario) para crear un canal de información que, además, intente ser rentable desde el principio. Parece que hay plan de negocio.

2. Alguien se ha pensado muy mucho cómo introducir publi sin cansar/irritar al usuario.

Y sin papeles, vaya…

PD: Podemos seguirlos en Twitter

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Cambios en PC Actual (y 2)

Lo bueno que tienen las estadísticas que nos aporta Internet a los blogs es que nos permiten “orientar” los contenidos. Compruebo que hay personas que me llegan porque están buscando a Javier Pérez Cortijo. Curiosamente, Javier ha dejado de ser director de PC Actual para ser sustituido por Susana Herrero, hasta ahora subdirectora de la revista que edita RBA EDIPRESSE. Recordemos que Javier sustituyó al histórico Fernando Claver, actual CEO de Total Publishing House, propietaria de webs y blogs como MUY Computer y MUY Pymes, entre otros…

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