Comunicador generalista frente a especializado en la selección natural… laboral


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Cuando era pequeño, recuerdo que algún que otro día (casi siempre, tras un par de exámenes completados con más pundonor que brillantez) solía hablar con mi madre sobre las cualidades (intelectuales) que la naturaleza había tenido bien a concederme, y que parecían complementarse adecuadamente con el entorno social y familiar que me cayó en gracia.
Solía cuestionar a mi madre (¡la pobre!) acerca de mi extraña cualidad… digamos… no cualitativa. Para entendernos: era un niño que no sobresalía extraordinariamente en nada especial. Tenía amigos que jugaban de cine al baloncesto (¡Me encantaba el baloncesto!), que dibujaban extraordinariamente bien o que tenían una inquietante habilidad para completar los problemas matemáticos. Eso, por no hablar de los más altos, los más guapos (y guapas) o los más cachas.
Le preguntaba a mi madre una y otra vez acerca de por qué no destacaba yo en algo en concreto. Mi madre me contestaba que era el más guapo (algo obligado, viniendo de tu propia madre) y que tal vez mi superpoder residiera en ese generalismo. No me conveció, claro está, y envidié secretamente a mi colega el guapo que se liaba con las macizas, a mi amiga superbrain que pudo estudiar en Oxford o a mi compañero de equipo, que le dio por crecer y llegar a los dos metros de altura (sic). Creo que aún hoy lo hago, aunque la vida no me ha tratado nada mal.
El caso es que hace meses que vivo algo similar en la agencia y casi me atrevería a decir que en mi entorno profesional. En este caso, creo que los papeles, un poco, se han invertido ¡y yo soy mamá!
Tengo la suerte de haberme rodeado de profesionales excelentes. Unos más generalistas y otros más especializados. Hasta la fecha, la diferencia entre los jefes y los indios estaba más cercana a la de los reinos primitivos en los que el rey era el el líder porque, esencialmente, hacía mejor y más a conciencia lo que ordenaba hacer a sus subordinados. (Resumámoslo humorísticamente en pegar cachiporrazos, vamos). Con el liderazgo en las agencias -el management, que dicen otros-, pasa algo parecido. A veces, la cachiporra te la cambian por el teclado, el teléfono o la pasta y la propiedad de la empresa donde trabajas. A veces, el jefe es simplemente, el dueño.
Con la irrupción del 2.0, la salida masiva de los periodistas tradicionales de las redacciones y con su incorporación más o menos masiva a la fauna de agencia, el nuevo entorno laboral tiene que hacer convivir a distintos animales con características bien diferentes. Eso sin contar a la nueva casta de programadores/diseñadores web hasta ahora circunscritos al entorno tecnológico o, cuando menos, al del marketing y la publicidad.
Esta diversidad enriquecedora genera conflictos inevitables que bien pueden resumirse en los festivos What If que cada cierto tiempo publica(ba) la Marvel. Incidiendo en el símil, ¿Que Pasaría Si… La Cosa luchase contra La Masa? Seguramente -al cabo de veintitantas páginas-, no pasaría nada más que un buen rato de lectura y Mr. Fantástico actuando de iluminado templagaitas. Me temo que la vida real no es tan liviana y que no puedo estirarme tanto como mi admirado Reed Richards.
La rapidez con que está cambiando nuestro negocio genera dudas y disputas en las que es crecientemente difícil valorar el papel y la importancia que cada individuo tiene en la cadena de valor. De abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. ¿Por qué mi jefe es mi jefe y no otro? ¿Por qué a mi jefe parece gustarle más mi compañero que yo mismo? ¿Por qué no cobro tanto como él/ella?
Desde mi punto de vista, el líder ideal debe ser lo más parecido a Mr. Fantástico: inteligente como el que más y muy, muy, muuuuuuy fleeeeexibleeeeeee.
La especialización te aporta un status en una organización. En ocasiones, un sueldo mejor que otros compañeros porque nadie sabe hacer eso tan valioso que hace ganar dinero a tu empresa. Pero la diferencia entre liderar un equipo y, en definitiva, dirigir ¡Y ganar más pasta, que de eso se trata!, la marca tu habilidad para adaptarte y valerte de las cualidades de tu gente para dar lo mejor a tu organización y a tus clientes.
Es la especialización en el generalismo, si se me permite.

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  1. #1 by David - July 16th, 2009 at 08:36

    Totalmente de acuerdo, Jorge. ¿sabes cuál es otor problema? Que en las agencias sigue habiendo mucho Doctor Muerte que lastra el progreso no sólo de los profesionales sino, además, de la propia agencia… por no mencionar que también hay demasiado Robin con ansias de Batman…

  2. #2 by Francisco Suárez - July 16th, 2009 at 09:00

    Un apunte más……
    y que hay de aquellos que para sobrevivir (en medio de la crisis) tienen que ser sus propios jefes…. cuando antes sólo han sido indios……. interesante experiencia? uhmmmmm

  3. #3 by jlopezmc - July 16th, 2009 at 09:27

    @David - Pues puede que tengas razón en lo del Doctor Muerte, aunque no se si es consciente. Creo que fui un Doctor Muerte en mi anterior agencia, me temo. A veces, te niegas a cambiar porque no crees en un proyecto o tienes dudas respecto al futuro de tu profesion. Afortunadamente, a veces puedes cambiarte de bando y trabajar en el equipo de los “buenos” ;-) Lo de Robin y Batman, pues igual. Creo que la ambición es un motor tan válido para el progreso profesional como cualquier otro. Es cuestion de conocer tus límites y preparación. A Batman se le murieron un par de Robins demasiado impacientes…
    @Francisco Suárez - Pues creo que tu actitud es la mejor, Paco. Todos deberiamos comportarnos como los galos: como si el cielo fuese a caer un día sobre nuestras cabezas. Nadie dice que adaptarse sea indoloro ni fácil.

  4. #4 by Jansiolo - July 16th, 2009 at 09:31

    Totalmente de acuerdo Jorge, de todos modos para el símil con los superhéroes yo hubiera preferido al Profesor Charles Xavier de la patrulla X (y que conste que yo era de los 4 fantásticos y Spiderman), un personaje calvo y parapléjico, aparentemente inofensivo, pero el auténtico líder de todos los mutantes y el único al que el malo-malísimo Magneto teme de verdad (y hace bien, porque bajo su fachada encierra un enorme poder telepático).

    Al final la diferencia entre un “líder” y un simple “jefe” no es otra que el “líder” sabe gestionar el conocimiento de su equipo y con ello conseguir la excelencia en el trabajo y el “jefe” se limita a delegar ciertas funciones y controlar a su gente, eso sí, no demasiadas “funciones” para que no peligre su puesto (ande yo caliente…).

  5. #5 by David - July 16th, 2009 at 10:50

    @Jansiolo y que a un líder le siguen, a un jefe, le obedecen…

(will not be published)