Tengo un problema: ¿cómo controlo a mis bloggers?

La semana pasada he tenido dos conversaciones parecidas con dos personas integrantes del departamento de comunicación de sendas empresas de muy diferente ámbito.

Básicamente, ambas se hacían (y me hacían) la misma pregunta: “¿Cómo puedo controlar lo que publican los bloggers?”

Aunque parezca mentira, no se puede (!) Del mismo modo que tampoco se puede controlar lo que publican los periodistas. Parece que a veces, con la moda de la Web 2.0 y del periodismo ciudadano, damos por superadas las relaciones con periodistas (nadie te pregunta cómo controlarlos salvo que se huelan una crisis inminente) para concentrarnos en lo último; en la última moda (blogger, en este caso).

Las recetas para influir (bonita palabra aunque tenga tan mala prensa) en estos nuevos prescriptores son variadas. Tanto como exiguos los registros de éxito que podemos aportar los expertos (¿Cuántos años tienen los blogs? ¿Y las PR para bloggers?)

Las fórmulas de control ya son menos. Creo que todos hemos implantado agregadores RSS para rastrear el “buzz”, analizando los contenidos después y aventurándonos a dar unos diagnósticos y recetas más o menos ajustados. Son soluciones muy ancladas en el uso de los recursos humanos cuando paradójicamente, es el nuevo ámbito tecnológico el que permite que haya superconsumidores capaces de influir en la imagen de una marca (o de muchas).

También hay empresas que se valen de las tecnologías y de los algoritmos matemáticos para hacer esto de forma estructurada y bien efectiva. Tal vez su precio aún no sea del todo competitivo (ante la tentación del “hand-made”) pero los resultados prometen.

Lamentablemente, cuando trasladamos estos presupuestos a las empresas, la respuesta es similar: “Creo que no tengo ese presupuesto”.

Aunque duela, no queda más remedio que contestar: “Entonces, sencillamente, ustedes, con los bloggers, no tienen un problema”. Aún no…

Escrito por Jorge López M-C

Consultor de Relaciones Públicas durante más de una década. Fui periodista (malo), consultor de comunicación para empresas como Nokia o Motorola, y ahora soy vicepresidente de la agencia LEWIS PR en el sur de Europa.

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  • http://blog.idg.es/pcworldpro/blogs/arantxa-herranz Arantxa

    Sinceramente, creo que el tema de los blogs está sobrevalorado. Cualquiera puede abrir un blog (cosa positiva) y, desde este sitio, decir cualquier tipo de cosas. Querer controlar eso es como querer controlar las opiniones de todos y cada uno de tus clientes y/o consumidores. Algo tan imposible como evitar una oveja negra en un rebaño.
    Pero, al mismo tiempo, no creo que un blogger que no sea periodista vaya a entender las RP.

  • http://pradero.bligoo.com Juan Pablo

    Jajaa ya lo creo, aún no…

  • darth pr

    Ya ves Arantxa, hay momentos en que no las entiendo ni yo, jejeje…
    Discrepo en lo de que está sobrevalorado, depende del sector en el que te muevas… es obvio que en el plan de comunicación de Don Limpio (me refiero al de Procter) no tendrá mucho peso, pero, ¿qué me dices de cualquier empresa de teleco o informática?

  • http://octaviorojas.blogspot.com Octavio Isaac Rojas Orduña

    Si necesitas ayuda para tratar con blogueros, no dudes en decírmelo ;)

    Un abrazo.

  • http://irrpp.blogspot.com/ Isabel

    jeje, Octavio… no se te escapa ninguna :)

  • http://www.agencia-de-comunicacion.es/consultoria-de-comunicacion/blog-corporativo-de-comunicacion/ José María Sánchez

    Me parece que, para este y otros temas relativos a la “web 2.0″, das en el clavo con eso de “Creo que no tengo ese presupuesto”.
    Eso del presupuesto en realidad quiere decir otra cosa: tiempo y dedicación. Y cambiar la forma de hacer las cosas. En marketing hay una serie de conceptos que son muy bonitos y que nadie pone en práctica. Por ejemplo, eso de “huir de la zona de comfort”. En realidad, todos buscan (buscamos) tener una tónica de trabajo regulada por el principio del “mínimo esfuerzo”.

    Involucrarse de verdad en la web 2.0 lleva consigo un trabajo más serio y productivo; revisar los procedimientos, contratar a personal especializado, evaluar metas con otros criterios…
    Es decir, cambiar el chip, lo cual cuesta mucho.

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