Motores corporativos, motores de marca
Desde que soy consciente del funcionamiento de las empresas -bien a través de lo que aprendo de mis clientes o de mi propia experiencia en varias organizaciones-, me he preguntado qué es exactamente lo que lleva al éxito o al fracaso de las empresas (y de las marcas también).
Las razones se agolpan. Y según a quién preguntes, pues unas tienen mayor importancia que otras. Adivinad: ¿Quién dice qué?
- El motor de esta empresa son sus vendedores
- Siempre hemos sido muy prudentes en nuestras predicciones. Miramos los números al último céntimo.
- Lo importante de esta casa son las personas.
- La figura del presidente ensombrece/ilumina todo cuanto hacemos.
Amen a todas (y a muchas más). Todas son igualmente ciertas.
Le sigo dando vueltas al tema. Y más últimamente.
No creo equivocarme si afirmo que el motor de una organización reside en el sentimiento común que tienen sus partes. Me explico.
Todos conocemos empresas en las que es envidiable trabajar. Quedamos con ese amiguete afortunado que nos cuenta -poco emocionado, por no herir-, los beneficios de su corporación, las horas que (no) trabaja o esa soleada oficina frente a aquellos jardines tan bonitos. ¡Malvado!
Abundan más los colegas (tampoco es que sea norma) que te cuentan auténticas maldades de sus jefes o compañeros. La envidia que les rodea, las puñaladas, las broncas a voz en cuello y las amenazas más o menos personales, provenientes del que tiene más poder que tú… Y más mala baba para ejercerlo, claro.
Si compendiásemos los sentimientos y las experiencias que vivimos, tal vez podríamos diseccionar el sentimiento vital, el motor emotivo de las organizaciones.
Siempre -sin excepción-, los equipos directivos se comportan como si de Estados en miniatura se tratase. Y -aunque creo que es inconsciente-, intentan generar uno o varios sentimientos entre sus integrantes.
Hay empresas, por ejemplo, que instauran el terror y el amedrantamiento en su día a día. El miedo es su motor, como en un régimen totalitario. ¿Funciona mal? Sólo para los que están dentro. Para los “observadores internacionales” todo va como la seda. ¿Puede triunfar? Seguramente esté triunfando ya, aunque no es políticamente correcto (o tal vez, competitivamente correcto), publicitarlo. El caso es atemorizar desde arriba y aislar espacial e intelectualmente.
Otros creen en la libertad como motor de crecimiento. Parece más caótico pero hay a quien le funciona. Sobre todo, en el mundo de la publicidad.
Los más, se rinden ante el orden, la practicidad y la funcionalidad. Grises pero eficientes. ¿Para qué más? “Como relojes, señores y señoras”.
¿Cuál es el motor emocional de vuestra empresa?
Escrito por Jorge López M-C
Consultor de Relaciones Públicas durante más de una década. Fui periodista (malo), consultor de comunicación para empresas como Nokia o Motorola, y ahora soy vicepresidente de la agencia LEWIS PR en el sur de Europa.¿Te ha gustado el contenido? te invitamos a compartirlo.
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