Vuelta a la Universidad

El viernes volví a la universidad. ¡Increíble! El día que me dieron mi último aprobado salí casi huyendo de allí. Apenas si me atreví a mirar atrás; no fuese a ser que se arrepintiesen y me devolviesen allí dentro. Mis cinco años de universitario fueron bárbaros, no vayáis a creer otra cosa. Pero a nivel académico: ¿qué decir? Pues que me aburría como un oso en clase (vale, cuando iba) y me desesperaba comprobando, hora tras hora, que lo que me querían enseñar apenas tenía aplicación práctica en un mundo laboral que yo apenas imaginaba.

No sé si han cambiado las cosas. Cuando hace unas semanas, el Centro Universitario Villanueva -adscrito a la Universidad Complutense que me licenció-,  me sugirió que diese allí una ponencia pues -qué queréis que os diga-, me subió el ego. Al cabo de unas semanas -y conforme se acercaba la fecha fatídica-, la cosa se me iba complicando y cada vez me parecía más un “marrón” que una oportunidad. Soy muy pragmático en mis planteamientos y asumo que en la Uni apenas te enseñan nada. Si acaso, unas juergas gloriosas -creo que es cosa de la edad, aunque démosle el beneficio de la duda a la institución-, buenos amigos y recuerdos imborrables. He de reconocer que la noche del jueves apenas dormí pensando en cómo afrontaría la charla frente a 50 veinteañeros medio dormidos. ¡Y eso que después me jugaba un cliente! Sigo sin poder clasificar los órdenes de importancia enmi vida profesional.

Total, que me presenté allí. Llegué casi a tiempo. Me encontré con una profesora joven como yo, y con una energía bárbara. En 15 minutos acabó con mis prejuicios respecto a la docencia universitaria (periodística). Tiene un gran mérito lo que hace, para qué mentir.

Al poco de llegar, abordé el aula y -haciendo de tripas corazón-, dí mi primera clase. Creo que fue un éxito -no lo sé, ya que era virgen en esto hasta el viernes-. Apenas detecté cuatro o cinco bostezos. ¿Demasiado para una hora?

El caso es que percibí cierto interés de unos poquitos -nada nuevo; como cuando era estudiante-, ganas de participar -ojo a esto: ¿por qué no se plantean las clases como nuestro negocio? ¿Como un proceso comunicativo en el que hablas, te hablan y, a veces, hasta escuchas y aprendes?-, y un absoluto desconocimiento de lo que se les vendría encima en un par de años o tres.

La experiencia ha sido fantástica. Tal vez, poco académica ya que toda mi formación de RRPP es eminentemente práctica. Me hubiese gustado conocer su opinión. Tal vez, en otra ocasión…

Escrito por Jorge López M-C

Consultor de Relaciones Públicas durante más de una década. Fui periodista (malo), consultor de comunicación para empresas como Nokia o Motorola, y ahora soy vicepresidente de la agencia LEWIS PR en el sur de Europa.

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    Aunque es triste que las universidades dejen poco espacio para la formación práctica, me pone algo contenta el enterarme de que no es sólo una deficiencia de la carrera que estoy cursando actualmente. Pero no me quejo de mi formación, ninguna carrera universitaria puede prepararte para la vida.
    Felicitaciones por la pérdida de la virginidad docente!! Dudo que los estudiantes te hayan encontrado poco interesante, de hecho cada vez que viene un invitado a hablar a alguna de las clases los estudiantes solemos recibirlo agradecidos porque enseñar cosas diferentes a las que vemos todos los días.

  • http://desdeladoscuro.wordpress.com/ jlopezmc

    Pues muchas gracias!

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