Ayer descubrí un sitio que realmente me sorprendió. Me lo recomendaron el fin de semana y a la primera que pude, convencí a un cliente y me lo llevé a almorzar. Para gustos, colores pero creo que no me equivoqué y espero haber encontrado un refugio gastronómico-social para el futuro.
Gumbo (sito en la madrileña calle del Pez, 15) es un pequeño restaurante estadounidense que rompe con los tópicos: no se parece en nada a los Foster's Hollywood, Ribs y demás. A diferencia de los anteriores, Gambo -así se pronuncia en inglés la célebre sopa del estado de Luisiana-, huye de las hamburguesas requemadas para concentrarse en diversos platos de la cocina americana de los estados del sur. En concreto, de Luisiana. Y más concretamente, de Nueva Orleans.
La verdad es que no he tenido la suerte de estar por allí así que no puedo comparar una cocina con otra. Me da igual -para qué negarlo-. Lo que allí comí el martes merece la pena.
Lo grande de Gumbo es algo que no abunda -y que seguramente se acabará conforme el lugar se desarrolle-. Lo grande es que Mathew Scott -entre plato y plato-, salga a recibirte y a tomarte la comanda. Es un auténtico gusto que el cocinero te pregunte lo que vas a tomar e incluso te aporte su opinión sobre los platos.
Respecto a éstos, todo lo que probé me satisfizo. Los tomates verdes fritos, aunque una pizca salados, estaban muy bien. La ensala da de espinacas, también (tal vez yo cambiaría el queso azúl por otro de cabra o incluso un feta). Y el segundo: de miedo. Un mero con langostinos fantástico y ligero, ligero.
Los postres, pese a su buena pinta, no me atreví a probarlos… ¡El regimen!
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