A vueltas con La Sexta
Como soy muy aficionado al fútbol y no cuento con la suerte de estar abonado a Digital+, pues me dio mucha alegría que la jovencísima cadena de televisión La Sexta anunciase que retransmitía el Mundial. Sobre todo, cuando la cadena que preside Emilio Aragón comenzó una considerable campaña de publicidad en la que prometían al consumidor que sufragarían los gastos de la sintonización en la antena de las fincas urbanizadas con más de seis vecinos.
Ni corto ni perezoso, y en ejercicio de mi cargo como vicepresidente de mi comunidad -cual Juan Cuesta de Ciudad Lineal-, llamé al teléfono de la cadena para "antenizarme".
Al cabo de mes, cuál no sería nuestra sorpresa al comunicarnos el antenista asignado a mi casa, que "él no instalaba La Sexta en comunidades de menos de 10 vecinos". Así que con la dignidad con la que había venido hasta nuestro portal -y con mucha más celeridad, por supuesto-, de dio la vuelta y desapareció.
Entre hacerle un placaje y obligarle a antenizarnos, o dejarle marchar, mi esposa -que en esos momentos estaba al mando-, decidió la solución más pacífica pensando que la cosa podría arreglarse -ya que hablamos de fútbol-, en los despachos. Ni por asomo.
Compuestos y sin antena, llamamos a La Sexta. Nos atendieron muy correctamente -eso sí-, e inmediatamente interpusieron una reclamación.
De eso hace ya tres semanas y aquí andamos. Igual. Como dicen que mal de muchos, consuelo de tontos -y yo nunca he sido muy despierto-, pues hoy no he podido reprimir un "si es que… ¡Normal!" cuando he leido en La Razón un tema titulado: "La Sexta, una televisión fantasma". Desde luego, fantasmas, son un rato. Y desastrosos. Y engañosos en su publicidad. Si es que…

